Uno de los aspectos que más me llamó la atención de la reciente operación militar de los Estados Unidos en Venezuela fue la declaración de Pamela Bondi, fiscal general de la Nación: Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores «pronto enfrentarán la irá de la justicia de los Estados Unidos en suelo estadounidense y en las cortes estadounidenses (They will soon face the full wrath of American justice on American soil in American courts)».
Y me llamó la atención porque uno de los pilares fundamentales sobre los que se asentó la creación y la consolidación del Estado moderno fue también el de la racionalización de la justicia. Max Weber enseñaba en su tratado de sociología Economía y sociedad que una de las características de los funcionarios del Estado es que debían desempeñar su cargo sin hacer política; esto es, debían limitarse a administrar y, antes que nada, hacerlo de modo imparcial. El funcionario, nos dice, «ha de ejercer su cargo sine ira et studio (sin cólera ni prejuicio)». No ha de hacer, por tanto, proselitismo, ni ha de hacer aquello que debe hacer el político, ‘luchar’. Pues el partidismo, la lucha y la pasión, explica Weber, constituyen el elemento del político. Así, la actuación de éste se rige por unos móviles muy diversos a los que debe guiar la conducta del funcionario.
Uno de los signos de identidad de la consolidación del Estado moderno fue el de su racionalización en todos los órdenes, la moneda, los pesos, las medidas y por supuesto también las leyes y la justicia. Desde entonces, y contrario a lo que ocurría en otras formas de gestionar la justicia, la labor del juez consiste en administrar justicia de manera ecuánime sobre la base de unas normas y de unas leyes ordenadas y bien establecidas. Administrar su cargo, como todo funcionario público, sin cólera ni prejuicio. Por eso la justicia dejó de ser discrecional, irracional y arbitraria. Y por eso la justicia no puede ser proselitista, ni política ni parcial ni parcializada. Ni puede tampoco ser iracunda o colérica, como pretende la fiscal Pamela Bondi. No, la justicia debe ser ecuánime, imparcial, ciega, objetiva. La justicia debe ser —si se me permite la perogrullada— justa. Fueron esas las bases y fueron esos los principios que permitieron el desarrollo, la consolidación y la perduración del Estado moderno. Pero claro, eran otros los pilares que sostenían el mundo y eran otros los tiempos.
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