Una serie de ciento diecinueve fotografías se exponen hasta el treinta y uno de mayo en la Sala Débora Arango del centro Cultural Gabriel García Márquez de Bogotá. El conjunto pertenece a la serie Latinitudes del artista brasileño Leonardo Finotti.
Arquitecto de formación, cursó sus estudios de posgrado en la Fundación Bauhaus de Alemania; comenzó su carrera de fotógrafo en Portugal, donde residió seis años en los que trabajó con reconocidos arquitectos lusos. Comenzó allí su proyecto en torno a la lectura del modernismo en el mundo, constituyéndose de este modo la arquitectura en uno de los ejes de su investigación; el otro sería la ciudad.
Latinitudes es resultado de un trabajo que el artista hace en colaboración estrecha con arquitectos, historiadores y residentes con el propósito de identificar los lugares de interés para su proyecto y las dinámicas propias de las ciudades retratadas. Todo con el ánimo de construir una memoria de la ciudad. La muestra se inauguró en San Pablo en el año dos mil quince con un conjunto de sesenta y dos fotografías. Ese mismo año participó en la Bienal de Arte de Portoalegre y recibió el primer premio en la Bienal de Arquitectura de Buenos Aires. Los seis formatos en los que se exhiben las obras guardan relación con la escala de las construcciones retratadas.
Durante años Leonardo Finotti ha venido documentando construcciones de arquitectura modernista a lo largo del continente. Son fotografías tomadas en doce ciudades de América: Montevideo, Buenos Aires, Santiago de Chile, San Pablo, Lima, Quito, Bogotá, San José, Caracas, Ciudad de Guatemala, Ciudad de Méjico y La Habana. Impresas en placas de aluminio, descuellan por la calidad de la imagen y por el equilibrio en el conjunto; ese equilibrio en la composición de la obra que suele ser atributo de tantos artistas brasileños. Logra la mirada de Finotti una fotografía que no desdeña el entorno físico ni social que rodea la construcción, un retrato del ambiente que no espera un pretendido instante ideal para tomar la fotografía. Obtiene de este modo una imagen viva que responde a la realidad del momento y del entorno.
Además de la calidad de las imágenes y del trabajo de años que el artista ha hecho atravesando fronteras, la muestra deja ver que Latinoamérica estaba inscrita en el desarrollo de la Modernidad y, además, que había unos vasos comunicantes y una cercanía espiritual entre los países que la componen.