Una de las señas de identidad de los regímenes totalitarios es que logran politizar todas las esferas de la vida, hasta el sueño. Esto lo muestra con mucha claridad Charlotte Beradt en su libro El Tercer Reich de los sueños.
Destituida de su labor como periodista en la Alemania nazi por ser judía, se dedicó a imprimir y distribuir volantes para el Partido Comunista, y a registrar sus sueños, ocultándolos en los lomos de diversos libros. Luego fue compilando sueños de ciudadanos alemanes de diversa condición (médicos, industriales, obreros, estudiantes, amas de casa, funcionarios…), preguntando a personas de su entorno, ayudada por amigos y, en especial, por un médico cercano que poseía un círculo amplio de pacientes. Estimó Beradt que estos sueños no debían perderse pues podían servir de evidencia el día en el que el régimen fuera sometido a juicio como fenómeno de su tiempo.
Pero, ¿puede ser el sueño consecuencia de un régimen totalitario? O, dicho de otro modo, ¿es posible politizar el sueño? La respuesta la da la autora del libro: «El III Reich no podía implantar dispositivos de seguridad en el interior de cada vivienda, pero sí podía sacar provecho implantando el temor en la interioridad de cada sujeto, logrando así que cada uno se aterrorice por su cuenta». Los sueños registrados a lo largo del libro muestran que el régimen nazi lo logró.
El registro de los sueños constituye una suerte de diario nocturno y resulta más veraz que el diario común, pues en éste quien escribe lo hace de manera deliberada y puede siempre dar forma a lo ocurrido oscureciendo o esclareciendo los hechos a su arbitrio. Los sueños, en cambio, registran con minucia el impacto de los acontecimientos políticos externos en el interior de las personas y, como si de un sismógrafo se tratase, propone Beradt, pueden estas imágenes oníricas prefigurar y ayudar a interpretar la estructura de una realidad que se dispone a transformarse en una pesadilla.
Su objetivo fue, entonces, el de mostrar, gracias a esta documentación onírica, el impacto directo de la dominación total sobre los individuos. En qué medida el régimen había penetrado todos los dominios de la vida privada —el sueño incluido— lo muestra uno de los testimonios recogido en el libro, el de un médico de 45 años: «Todos los contenidos y observaciones de mi sueño son políticos, mientras que yo no soy un ser político».
Decía un dirigente nazi que en la Alemania de su tiempo sólo en sueños se podía tener vida privada. El libro de Beradt muestra que fueron también capaces de cooptar el sueño. Fue así como el régimen Nazi logró ir más allá de lo soñado por sus propios artífices.
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