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Atalaya

Nos estamos matando

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Juan David Zuloaga D.
12 de agosto de 2021 - 05:00 a. m.
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Triste constatación de la omnipresencia de la violencia en Colombia se vio la noche del 3 de agosto en el estadio El Campín. En un partido entre Santafé y Nacional terminaron enfrentadas las barras de los dos equipos y faltó poco para que el combate cobrara vidas.

En la columna de la semana pasada –“Sexo y violencia”– decíamos que en este país nos sigue escandalizando más una escena de sexo en el cine o en la televisión, o en la vida cotidiana, que una escena violenta. Por eso nos parece más normal (y en todo caso es más frecuente) ver una riña en un parque que encontrarse a una madre amamantando a su hijo. Y por eso son más recurrentes en el país las marchas de protestas que los carnavales, las “besatones” o las marchas de celebración del amor.

Las escenas de aquella noche son escalofriantes: una madre protege a su hijo en brazos, la barra de Nacional enfrenta a la hinchada de Santafé en la gradería destinada a las familias, la barra del costado sur del estadio atraviesa el campo de juego para enfrentar a los hinchas verdes, cinco hinchas de este equipo patean la cabeza de uno de Santafé contra una de las sillas de las gradas… Y como siempre, hubo declaraciones de las autoridades, se apresuraron a detectar fallas y omisiones, pero, como siempre también, no hubo responsables.

Se prohibió la entrada de hinchas de Nacional al estadio por tres fechas y se sancionó también a Santafé y a Millonarios (en una medida, errática, desacertada y populista de parte de la Alcaldía), que nada tenía que ver en lo acaecido, con la prohibición del ingreso de sus hinchadas al Campín.

Medios periodísticos nacionales y políticos de turno reclaman ahora carnetización de los hinchas (un proceso que se inició hace años y que no terminó de concretarse), se habla de sanciones más drásticas para los equipos y de reformar y aun de acabar las barras bravas; se exige prohibirles el ingreso al estadio. Esto desde luego no soluciona el problema, tan sólo lo desplaza, bien a las afueras del estadio (en donde se concentran las barras cuando no pueden entrar a ver el partido), bien a los barrios de donde esas mismas barras provienen.

Pues el problema no es que las barras entren al estadio, sino que les resulte normal matarse con la hinchada del equipo contrario en un escenario deportivo. Y que eso parezca normal (o que lo sea, como efectivamente lo es) no hace sino mostrar la familiaridad que hay en el país con la violencia y la tolerancia que tenemos los colombianos con las escenas violentas. Por eso nos escandaliza más como colombianos el beso de dos lesbianas en un bar que la disputa de dos borrachos, nos incomoda más el desfile del orgullo gay que el hecho de que un sicario como Popeye salga a marchar con otros ciudadanos y a hacer reivindicaciones de carácter político; él que siempre se saltó todas las normas que permitían la convivencia en la sociedad.

Claro que no puede haber escenas de sexo en el cine y en la televisión, porque aparece pronto la censura para editarlas y para suprimirlas, pero que no falte la fotografía con cualquier sicario para que quede registro con el capo de la violencia o que no falte la entrevista al matón o al delincuente del día en medios de comunicación prestigiosos; que no quede duda de que aquí se tolera la violencia, pero no el sexo. Porque en este país está permitido matarse en público y a plena luz del día, pero tener muestras de afecto no. Nunca.

atalaya.espectador@gmail.com, @Los_atalayas

Conoce más

 

Libardo(10892)12 de agosto de 2021 - 11:27 p. m.
Si el día de la madre abundan más las riñas y los heridos que los abrazos, qué podemos esperar. Basta leer a algunos comentaristas en este espacio, que no El Espacio, para aplicar el violentómetro y verlo estallar. Hay mucho culebrero instigando a la violencia, al odio, a la revancha, a la descalificación del oponente y hasta del simple contradictor.
Felipe(94028)12 de agosto de 2021 - 01:17 p. m.
¿Qué se puede esperar de un pueblo que no quiso votar el referéndum por la paz?. Sólo votó el 37% del censo y además, ganó el no. Al 63% restante le importó poco la paz y su futuro. Pueblo miserable, asesino y rezandero que tiene lo que merece.
Atenas(06773)12 de agosto de 2021 - 09:46 a. m.
Y categórico vino éste hoy desde su atalaya con binóculos al revés. Y pa nada alude a la desatada violencia en la capital desde q' la confusa gay es alcaldesa. Está como el editorial d hoy, q' igual alude a la criminalidad en B/tá, y menos se refiere a la Claudia, cual mamertos a la defensiva. Hirsuto maniqueísmo. Y así cualq. opina.
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