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Atalaya

Quemar el pasado

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Juan David Zuloaga D.
11 de noviembre de 2021 - 05:30 a. m.
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A veces creemos que ciertos vicios o ciertas vulgaridades van quedando atrás en el decurso accidentado del mundo. Y a esa superación de yerros constantes, de barbaries sin número y de mezquindades sin coto la llamamos civilización. Pero he aquí que viene la historia, es decir, el diario acontecer, a darnos un mentís rotundo y desolador.

Una de esas aberraciones que creíamos superadas era la de la quema de libros.

¿Por qué se destruyen libros? Dejando de lado las circunstancias que se pueden atribuir a desastres naturales –inundaciones, terremotos…–, se destruyen por odio o por temor. Por odio a una doctrina o por temor a una verdad revelada en esos volúmenes misteriosos que albergan universos enteros.

En el año 213 antes de nuestra era, Shi Huandi, unificador y primer emperador de la China, ordenó quemar todos los libros, salvo los de medicina, de agricultura y de adivinación. Creó una biblioteca imperial, sí, pero en la que sólo tenían cabida los libros de la escuela de los legalistas, adicta al régimen.

Barbaries y locuras que creyera uno de tiempos pasados, decía. Sin embargo, hace unos meses, en Canadá, en la provincia de Ontario, la Junta Escolar Católica Providence, que agrupa a 30 escuelas francófonas, organizó una quema de cerca de 5.000 libros infantiles (Astérix y Tintín incluidos) y de historia porque consideraron que su contenido era obsoleto y ofendía la imagen y la memoria de los indígenas. «Un gesto de reconciliación con las primeras naciones», dijeron de esa aniquilación brutal del pasado.

Se quemaron, pues, por odio a una visión que el pasado tenía sobre distintos pueblos. Que hoy esa mirada nos parezca cruel o deshumanizada habla del avance moral de nuestro tiempo. Pero quemar esos libros por corrección política no sólo es caer en una barbarie similar a la que pretenden denunciar, sino es también negar la posibilidad de que las generaciones presentes y futuras comprendan o estudien la manera en que los tiempos pasados se leían a sí mismos y leían al otro.

La solución no debería ser, claro, la de quemar los libros, sino la de leer más.

Atalaya.espectador@gmail.com, @D_Zuloaga

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ERWIN(18151)12 de noviembre de 2021 - 12:21 p. m.
aqui en el platanal tenemos nuestro quemador oficial de libros ..ordoñez ..el señor que mas temores anida en su ser interior ..de todas indoles..predominan los sexuales
jose(33220)11 de noviembre de 2021 - 11:57 p. m.
y acá en colombia debieramos hacer una memorable fecha , con el fin de que no se vuelva a repetir: el día que ordoñez ordeno quemar unos libros en bucaramanga . ¿alguién me colabora con la fecha?
PEDRO(90741)11 de noviembre de 2021 - 11:30 p. m.
Cuenta regresiva: faltan 269 días para que termine este hipócrita gobierno. Y está en usted evitar que se repita, si le es posible, siendo testigo electoral en su sitio de votación.
ANA(11609)11 de noviembre de 2021 - 10:09 p. m.
De acuerdo, señor Zuloaga. A leer se dijo.
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