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El fin de semana pasado se pudo apreciar en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo el espectáculo de danza Querencia de la compañía española Antonio Najarro.
Formado con los mejores coreógrafos y maestros de la danza española, como Mariemma, Alberto Lorca o Antonio Gades, Najarro dirigió entre 2011 y 2019 el Ballet Nacional de España; en el año 2022 decidió crear su propia compañía. Resultado de ello es la obra que pudimos apreciar en Bogotá. Dieciséis bailarines, a través de once cuadros, ofrecen una puesta en escena que para el espectador será difícil de olvidar. Un montaje en el que dialogan, en armonía admirable, la danza con la música y lo teatral con lo onírico, ornado todo con un vestuario impresionante en el que el sombrero cordobés y el mantón de manila son protagonistas. El juego de luces y sombras, impecable, baila al compás del zapateo flamenco y del ritmo percutiente, preciso y sincronizado de las castañuelas. Teñido todo de destellos evocadores y entrañables de nostalgia, pues la querencia es la inclinación y el hábito de volver a aquellos lugares a los que solemos acudir. Aquellos lugares que, a fuerza de frecuentarlos, terminan siendo nuestro refugio y nuestro hogar. Esquinas del mundo que poblamos con nuestras vivencias y con nuestros recuerdos, y que por eso mismo no están, no pueden estar desprovistos de nostalgia, esa añoranza que siente el corazón de todo lo vivido.
La música, una partitura para orquesta sinfónica compuesta por el pianista madrileño Moisés P. Sánchez y grabada por la Orquesta de Extremadura, tiene una clara influencia del flamenco y de grandes compositores españoles del XIX: Manuel de Falla, Enrique Granados, Isaac Albéniz… Considerado uno de los mejores pianistas de su generación, en las composiciones de Sánchez se dan la mano el blues con el flamenco y la música clásica con el jazz.
Querencia es un espectáculo al que nada se le puede reprochar, salvo, quizás, su duración, pues al terminar el espectador queda con ansias de seguir disfrutando de esta puesta en escena admirable y pulcra que da cuenta del empeño con el que trabajó todo el equipo de la compañía. Una muestra más, muy singular sin duda, del altísimo nivel al que el Teatro Mayor ha acostumbrado a sus espectadores.
