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1 Dec 2022 - 5:00 a. m.

Retrato breve e incompleto de la universidad en Estados Unidos hoy

Atalaya

El documental reciente Operación Varsity Blues muestra la manera en que algunos famosos y personas influyentes de los Estados Unidos lograban que sus hijos entraran a las universidades más prestigiosas del país pese a no tener las aptitudes o no haber aprobado los exámenes de ingreso. Los padres hacían donaciones muy generosas a equipos deportivos de la universidad (el de canotaje o el de polo, pongamos por caso) o conseguían que sus hijos presentaran un examen privado con un tutor que modificaba las respuestas para que el estudiante en cuestión obtuviese la nota de ingreso requerida. Todo tras un pago generoso a la persona que había ideado el sistema de coimas e ingresos; sistema que él denominó puerta lateral (side door) y que vino a sumarse a la puerta trasera de ingreso: aquella que permite a los hijos de los magnates entrar a esas mismas universidades tras hacer donaciones inmensas a la institución, como la construcción de un edificio o la donación de un centro de investigación.

Este hecho se suma al incidente de hace unas semanas de la expulsión de un profesor de la Universidad de Nueva York por el nivel de exigencia de su curso, gracias a una carta en la que los estudiantes pedían el despido del profesor. Una maniobra de lo que en otra columna denominé la educación asamblearia.

Pero el retrato actual de la universidad estadounidense no llega hasta aquí. Desde hace años se vienen publicando artículos y cifras que denuncian el porcentaje elevado de los profesores universitarios en los Estados Unidos que viven por debajo de la línea de pobreza: 22% vive por debajo de la línea de pobreza y más de 100.000 profesores reciben subsidios del gobierno; el 31% de los profesores que trabajan tiempo parcial están cerca o debajo de la línea de pobreza. En algún artículo leía ejemplos tan lamentables como el de una profesora que vivía en su carro o el de un profesor que utilizaba las instalaciones del gimnasio de la universidad para ducharse pues no tenía residencia ni propia ni en arriendo. Es verdad que el artículo es de hace un tiempo, pero nada permite suponer que la situación haya cambiado para bien.

Y traigo todo esto a colación porque si es tal la situación en las universidades del país que ostenta la primera economía del mundo podemos entonces imaginar la situación de las universidades y de sus profesores en otras economías y en otras latitudes. El retrato esbozado es reflejo y consecuencia de los tiempos que corren, claro, y a mí me parece lamentable.

@D_Zuloaga, atalaya.espectador@gmail.com

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