Llegó la fecha en la que las familias sacan sus mejores vajillas y sus manteles más finos para servir cenas opíparas acompañadas de licores abundantes. Así se hace con el ánimo de celebrar la reunión en familia y la llegada de un año nuevo, que todos anhelan cargado de felicidad y de esperanza. Así es y está bien que así sea.
Según estimaciones del DANE, sin embargo, al menos 2,6 millones de hogares en Colombia solo consumen dos comidas al día. Y según cifras del Instituto Nacional de Salud cerca de 12.000 niños menores de cinco años presentaron desnutrición aguda en lo corrido del año (Encuesta Pulso País, mayo de 2021).
Por otro lado, según las estimaciones de la Food and Agriculture Organization (FAO) de las Naciones Unidas, alrededor de 1.300 millones de toneladas de alimentos se pierden cada año en todo el mundo. Se estima que esta cantidad serviría para alimentar a 2.000 millones de personas. Tan sólo en Colombia las pérdidas servirían para alimentar a ocho millones de personas al año. El problema es mundial y no está restringido a los países ricos. En promedio se desperdician 120 kilogramos de alimentos por persona alrededor del mundo. En Estados Unidos se desperdician 59 kg per cápita al año. En Colombia el desperdicio es superior: 70 kg per cápita. En otros países de la zona la cifra es peor: 94 kg en México, por ejemplo. En otras latitudes el caso no es menos grave: en España se desperdician 77kg. Y en ciertos países en vías de desarrollo el desperdicio es aún más escandaloso, escalofriante diría yo: 189 kg per cápita en Nigeria.
El problema es de tal envergadura que, según las estimaciones de la ONU, el desecho de comida genera entre el 8% y el 10% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Si el desperdicio de alimentos fuera un país, sería el tercer país más contaminante del mundo después de China y de Estados Unidos (Cifras de Naciones Unidas y de la FAO).
Si la ilustración del asunto fue suficiente, estará ya claro para el lector que hay que comenzar a tomar medidas a nivel global. Nunca como ahora el planeta había sido capaz de producir tantos alimentos para sus habitantes, gracias al desarrollo de tecnologías para el agro y al control de plagas, al uso de fertilizantes y al desarrollo de nuevas semillas. Por ello resulta una inmoralidad y una aberración que tantas personas en Colombia y en el mundo no puedan tener acceso a los mínimos alimentos que reclama una vida digna. Máxime, repito, cuando no es cuestión de escasez, sino de una mala distribución de los recursos existentes y de una mala canalización de los alimentos que, siendo aprovechables, se desechan y se desperdician.
Bastaría crear un sistema eficiente de recolección y de distribución de alimentos (en plazas de abastos, centros de acopio, supermercados, grandes superficies, hogares, restaurantes y tiendas) para hacerlos llegar a comedores sociales de todo el país. Sin duda que el proyecto debería ser bandera del próximo gobierno central, ya que no lo fue de este. Y si al cabo de un año lo logramos, podremos felicitarnos como colombianos y desearnos entre todos, como hermanos, una feliz Navidad.