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Suele contar David Manzur, en sus entrevistas y en sus charlas sobre arte, que Miguel Ángel Buonarroti había proyectado una obra –la tumba del papa Julio II– que de haberse ejecutado según lo pergeñado habría tomado cuatrocientos años terminarla. Suele decir Manzur, con el ejemplo de Buonarroti, que el arte es una larga paciencia. Y con esa larga paciencia ha construido su obra.
Constituyen estos dos casos ejemplos elocuentes de empresas altas y ambiciosas que recuerdan la dedicación y la minucia con la que se construyen todas las grandes obras de la humanidad, y son también emblema y refugio frente a la inmediatez con la que hoy trabajan algunos artistas.
Y traigo todo esto a colación porque terminé de ver hace unas semanas la trilogía admirable de Richard Linklater que es, sin duda, un ejemplo más de previsión y de paciencia.
Durante casi treinta años estuvo trabajando en la escritura y en el rodaje de estas tres películas. Y cada nueve años convocó a los dos protagonistas –Julie Delpy y Ethan Hawke– para filmar las partes de la serie.
Son un retrato del amor visto a través de lentes de colores distintos: el de la ilusión que prodiga los albores del amor –Antes del amanecer (del año 1995)–; el del reencuentro, tras años de separación, de ausencia y de idealización de la persona amada –Antes del atardecer (2004)–; y el de la vida en pareja, la construcción de un hogar y la sedimentación de una rutina –Antes de la medianoche (2013)–. La primera película se filmó en Viena, la segunda en París y la última en Grecia, en la costa del Peloponeso. Y en cada una de ellas los escenarios se conjugan en armonía con los diálogos, inteligentes y en ocasiones profundos, pese a algún lugar común aquí o allá en el guion.
Un proyecto cinematográfico, pues, que Linklater concibió una buena tarde de su juventud y en el que estuvo trabajando durante tres décadas. Para quienes no han visto la trilogía huelga decir que cada una de las películas que la componen es conmovedora y está muy bien lograda, pues se hicieron con aquella dedicación que en vieja y sabia sentencia señalaron los antiguos: ars longa, vita brevis. Y sobre la paciencia y el empeño con los que trabajó el director durante todos esos años, ¿qué quieren que les diga? A mí me parecen impresionantes.
