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Atalaya

Una vida carmesí

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Juan David Zuloaga D.
01 de junio de 2023 - 02:05 a. m.
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Hay libros que llegan a perfumar nuestra vida con aromas de encanto y melancolía, con aires evocadores de belleza y ensoñación. Tal fue para mí El manuscrito carmesí, la novela más recordada de Antonio Gala y uno de los libros más hermosos que he leído.

Dramaturgo, poeta, novelista, filántropo, dedicó su vida a la literatura, al cuidado de la cultura y al cultivo del amor. Con el dinero obtenido por el Premio Planeta creó la Fundación Antonio Gala en un convento del siglo XVII en Córdoba, la ciudad de sus amores. A ella, a Córdoba, le cantó en un verso que es también declaración de intenciones y tratado de estética a un tiempo: “Resucitar cada mañana y verte”.

La fundación está dedicada a patrocinar artistas plásticos, novelistas, músicos y poetas. Y lleva por lema un verso del Cantar de los cantares, “Ponme como un sello sobre tu corazón”. Gracias a la generosidad de Gala y de empresas y entidades que han auspiciado el proyecto, muchos artistas han encontrado apoyo para la gestación de su obra.

El domingo pasado murió en su convento cordobés dejando tras de sí una obra vasta, encomiable, sutil y deliciosa, escrita por una pluma cultivada y exigente. Sus libros fueron traducidos a varios idiomas y algunas de sus obras se adaptaron al cine, no siempre con el beneplácito del autor. De la versión que hiciera Vicente Aranda de La pasión turca comentó que el director no había entendido nada.

Dije que había dedicado su vida al amor y de él escribió en El manuscrito carmesí: “Se asegura que mayo es el mes del amor; yo no conozco un mes que no lo sea. El amor, aunque yo tardé mucho en darle nombre, se derramó como un perfume por mi vida, llenando días, meses, años, de su olor; impregnando cada pliegue de mi ropa, cada sonrisa, cada tristeza mía; tiñéndolo todo con sus tonos de flor o de llaga; apartándome y desinteresándome de cuanto no fuera él; trastornando las perspectivas y las formas; convirtiendo en esclavo al amo y viceversa…”. Pero esta novela no es solo un tratado sobre el amor, sino sobre la derrota, el desencanto y la nostalgia que se desprende del vivir, encarnado todo ello en la figura de Boabdil que, desde la atalaya de sus años, ya en el destierro, narra su vida, perdida para siempre la Granada de su infancia, de sus recuerdos y su estirpe. Escrito todo ello con la tinta de la belleza en unos folios carmesíes que fueron de la Cancillería de Granada y que pudo salvar Boabdil, último sultán del reino, antes de su partida triste y definitiva. En ellos plasma Gala, en boca de Boabdil, sus remordimientos, lamentos, saudades y desesperanzas.

No hay mayor generosidad que regalarle al mundo verdad y belleza. Y en el arte la verdad y la belleza son una, porque en sus dominios toda belleza es verdadera y toda verdad, bella. El domingo murió Antonio Gala; nunca morirá en mí la gratitud por las horas felices que me prodigó ese libro hermoso y desencantado cuya música entrañable, sincera y cadenciosa aún resuena en mi corazón.

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