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Atalaya

Desnortados

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Juan David Zuloaga D.
11 de marzo de 2021 - 03:00 a. m.
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Viendo las medidas erráticas del gobierno actual, las acciones desordenadas y sin lógica aparente de ministros y de los cargos principales de la Nación, las respuestas frente a las coyunturas y las decisiones en el transcurrir azaroso de los más de dos años durante los que el partido de gobierno ha estado al mando casi se ve uno forzado a concluir que dicho partido político carece de norte, de horizonte y de criterio.

La última noticia que causó consternación –son tantas y se suceden tan deprisa una tras la otra que no alcanza el ciudadano a asimilar un yerro o un escándalo cuando ya se está instalando el siguiente en los titulares de los medios y en los anaqueles de la justicia (de lo poco que va quedando de ella)– fue el despido de Nicolás Ávila Venegas del cargo que desempeñaba como primer secretario de relaciones exteriores en la misión permanente de Colombia ante la Organización de las Naciones Unidas en Ginebra.

Ávila Venegas había denunciado a la exembajadora de Colombia ante la ONU en Suiza, Adriana del Rosario Mendoza, por llevar una vida de despilfarro y de lujos a costa del erario. Las hipótesis apuntan a que el despido de aquél obedecería a una retaliación por la denuncia realizada. El funcionario, en carta dirigida al presidente de la República, escribió: «No quisiera concluir mi labor con la frustración de que en Colombia al corrupto le pagan y el que denuncia la paga» (la señora Adriana Mendoza fue trasladada a la embajada de Finlandia).

Meses antes de este episodio vergonzoso llamó la atención de la ciudadanía el descubrimiento de que en una finca de propiedad de Fernando Sanclemente, entonces embajador de Colombia en Uruguay, operaban tres laboratorios para el procesamiento de cocaína. Cinco de los siete capturados se acogieron a una pena anticipada (con la rara prebenda de no tener que denunciar a nadie).

Un año atrás no dejó de sorprender la desfachatez de la embajadora en Italia, Gloria Isabel Ramírez, de vetar a ciertos escritores colombianos que en representación del país asistirían al Festival de Literatura de Atenas por no ser áulicos y voceros del partido de gobierno; no hacían parte de los «lineamientos de pertinencia» del mandato actual –este fue el eufemismo grosero que idearon para reemplazar la palabras exclusión y censura–.

Todo lo cual (y son algunos de muchísimos episodios que podrían traerse a colación) nos lleva entonces a desmentir la hipótesis esbozada en el primer párrafo de la presente columna y a concluir justo lo contrario: no es que no haya norte o no haya horizonte o no haya criterio; no, ocurre que ese norte, ese criterio y esos horizontes del actual partido de gobierno no se corresponden con las buenas maneras, con la decencia, con el decoro, con la probidad o con la justicia (con la idea de justicia, no con el aparato de justicia que ellos de manera artera han venido cooptando). Su proceder, su criterio y su norte se parece más al de las banderías, al de las facciones, al de los clanes y al de los carteles… cuyo actuar se asienta sobre el veto, sobre el silenciamiento del otro, sobre el anonadamiento y sobre la exclusión.

@Los_atalayas, atalaya.espectasdor@gmail.com

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Atenas(06773)11 de marzo de 2021 - 04:33 p. m.
Y si esto lo dice desde su atalaya Juan Daví es porq' debe ser así. No importa q' lo haga x colegaje con aquellos vivarachos q' echan mano de lo mejor de los dos mundos: se pegan de la teta oficial y aseguran chanfa, pero a su vez con mezcla de mezquino interés creado, acusan al Estado de infundios y quedan así bien parados con sus camaradas. Con cara ganan y con sello no pierden.
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