Publicidad

Atalaya

El año nuevo

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Juan David Zuloaga D.
02 de enero de 2021 - 03:00 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Para quienes vivimos en el ecuador el paso del tiempo no viene dado, como en los países de los trópicos, por las estaciones climáticas, sino por el cambio en el calendario.

El otoño marca, para las tierras de los hemisferios norte y sur del planeta —con el ensombrecimiento del sol y la caída de las hojas de los árboles—, el cambio de estación que abre un nuevo periplo para estos pueblos. La geografía ha impuesto para los países del ecuador, en cambio, una tesitura uniforme en los días, un paso homogéneo y casi imperceptible del tiempo que nos ha obligado a buscar, no en la naturaleza sino en la cosmogonía, los ineluctables cambios del cosmos y de sus seres. Nos ha obligado a mirarnos en el océano infinito del cielo para constatar que los de ayer no somos los mismos; y esa estrella en la lontananza, ese planeta en su quieta mudez, esa constelación en la terquedad de su traza, pero en su acompasado desplazamiento, no nos dejan mentir.

En una parte y otra del universo, sin embargo, el cambio es semejante: el correr de los días, las horas azules, el caer de la tarde, los corazones anhelantes, las estrellas fugaces y el paso del tiempo, con su incesante alejarse de la niñez, que siempre añade nostalgia.

Hoy, sin embargo, nunca como antes —como desde hace un siglo, digamos, desde la aparición de la llamada peste española en 1918— el año nuevo había supuesto una tan anhelada promesa de cambio y una tan esperada promesa de felicidad. El anuncio de la vacuna, su llegada —no tan inminente en Colombia, como, por otra parte, era de esperarse— ha supuesto una luz de esperanza para tantos que se han recluido en sus casas, para quienes vieron mudadas sus vidas y sus obstinadas rutinas. Y ese anuncio y ese comienzo de la vacuna coincidió para muchos países del mundo —Colombia no, claro; Colombia, cauto como siempre, observa en la retaguardia— con el año nuevo, brindando esperanzas de cambio y de retorno a la normalidad, o casi.

Este cambio y esta promesa pondrán fin, tal vez, al encierro que para tantos ha supuesto aislamiento y silencio y soledad. Pondrán fin a este tan gran paréntesis que para muchos fue el año que terminó. Y permitirá volver a los viejos proyectos y a los grandes empeños…

Feliz año.

Ojalá.

@D_Zuloaga, atalaya.espectador@gmail.com

Conoce más

Temas recomendados:

 

Bernardo(31155)02 de enero de 2021 - 06:20 p. m.
¡Gracias!
Julio(2346)02 de enero de 2021 - 04:52 p. m.
Es indiscutible que la pandemia sí es democrática, puesto que amenaza a todos por igual. Ya no es solamente nuestro salario sino nuestra vida la que tiene dificultades para llegar al fin del mes, y hay que ser muy optimista para esperar llegar vivo al fin del 2021.... !pero llegaremos, si redoblamos nuestra prudencia sanitaria y electoral! El humanismo es la vacuna contra la peste del uribismo.
Atenas(06773)02 de enero de 2021 - 12:51 p. m.
De seguro q' sí, JuanDa. Y florecerá el trigo y granará la espiga de nuevo. Respecto de las vacunas mucho más nos ilustra el editorial de hoy. Y de las esperanzas ya lo dijo el Ingenioso Hidalgo a Sancho "...Y de aquí se sigue q', habiendo durado mucho el mal, el bien esté ya cerca". Tamb. feliz año pa vos y los tuyos.
jorge(3336)02 de enero de 2021 - 11:28 a. m.
Me encantó la columna por su tono, su expresión, el estilo y el buen lenguaje. Felicitaciones
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.