El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

El mercado del arte en Colombia

Juan David Zuloaga D.

18 de noviembre de 2020 - 10:00 p. m.

Octubre ha venido consolidándose como el mes del arte en Bogotá. Por causa de la pandemia todas las ferias y los eventos de este año se realizaron de manera virtual, lo que hizo que también este sector se viera afectado en su desarrollo y en sus ventas.

PUBLICIDAD

Vino a sumarse, entonces, este mal a un mercado que en Colombia sigue siendo incipiente. Faltan aún incentivos tributarios para el sector privado y educación en todos los ciudadanos para que visiten ferias y museos y para que, poco a poco, se vaya gestando un coleccionismo serio y consistente en el país. Coleccionismo que, por supuesto, redunda en la salud de la plástica nacional.

Por ello no dejo de lamentar la columna que más o menos por esta fecha, esto es, terminadas las ferias del año pasado, publicó en este diario Manuel Drezner. En ella —titulada “Los precios del arte”— se quejaba de que el mercado del arte en Colombia sufre “una inflación absurda de precios”.

El lamento de Drezner es un solo despropósito desde el primer párrafo hasta el punto final. El columnista plaga su escrito de impresiones personales, de chismes de coctel, de lo que le contó su vecino o le dijo su amigo tal. Porque lo cierto es que no ofrece ni un sólo dato de esos precios pretendidamente desorbitados ni da un solo nombre de un artista, de manera que lo que dice no puede contrastarse.

Drezner llega a afirmar que “se siguen ofreciendo obras de pintores relativamente desconocidos a precios exagerados” y que por eso “nadie está comprando”. La consolidación de las ferias, el surgimiento de nuevas galerías, los eventos que se organizan en torno al mundo del arte parecen contradecirlo. Pero además de eso, que no parece poco, hay obras (originales, no reproducciones) de artistas emergentes que se venden a un millón de pesos en una feria que, precisamente, se llama La Feria del Millón, y que, comedidamente, invitamos al señor Drezner que vaya a visitar.

Contrario a lo que sostiene la columna, tampoco hay una especulación dominante en el mercado de las artes plásticas nacionales; el hecho de que uno de los nombres más cotizados en el mercado del arte mundial sea colombiano —Fernando Botero— no hace sino jalonar la escena artística nacional y refrendar el trabajo esmerado y serio que se viene haciendo al menos desde Gómez Campuzano y Andrés de Santamaría, precursores del arte contemporáneo y de una escena plástica nacional. Desde entonces se ha venido consolidando una tradición seria y polifónica de la cual son directos herederos los artistas de hoy.

De manera que esas afirmaciones —esas vaguedades, mejor sería decir— que propone Manuel Drezner en su columna le hacen mucho daño a un mercado que, pese a sus limitaciones y dificultades, pretende consolidarse y sobrevivir.

Tal vez la situación del mercado nacional —todo lo incipiente y con todas las dificultades y las limitaciones que se quiera— es un tanto diferente de lo que el columnista cree. Bastaría con ir a las ferias.

@Los_atalayas, atalaya.espectador@gmail.com

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.