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Más allá de las críticas previsibles –que dejan por fuera a este o a aquel «artista de mi predilección», o, incluso, que dejan por fuera a este o a aquel «artista muy importante en la escena de América Latina»–, más allá de las críticas muy justificadas –excluir un hito del rock hispanoamericano como Rock al Parque–, Rompan todo es un documento valiosísimo sobre el rock en español y los movimientos que lo componen.
Ofrece un panorama de la escena del rock de Hispanoamérica (concuerdo con los críticos en que se hubiera debido atender más la vertiente de España, que fue basa y bastión en muchos sentidos del, no en vano, llamado rock en español), a la vez que propone un contrapunteo, fecundo y muy interesante, entre la situación geopolítica de Iberoamérica y la creación musical.
El documental, que con cierto fundamento musical y sociopolítico se centra en México y en Argentina, narra los orígenes y desarrollos del rock en español desde la década de 1960, cuando se trató de una imitación o incluso de una traducción de las versiones anglosajonas –me viene a la memoria la versión que Charly García hizo de I’ll feel a Whole Lot Better de The Byrds (Me siento mucho mejor), adaptación que, creo, no mencionan en el documental–, hasta los comienzos del siglo XXI que rozan con géneros musicales de vario tenor. El reguetón, a mi juicio, no; aunque se hayan empecinado en buscar un vaso comunicante y un punto de encuentro. Fue, quizás, una manera de darle vigencia a un movimiento –el del rock– que parecía comenzaba a languidecer.
La conclusión de algunos de los entrevistados es que si bien la escena, el movimiento y la movida del rock en Hispanoamérica están atravesando un valle, volverán las cimas y el esplendor, pues el rock en español no fue sólo traducción y adaptación de un movimiento cultural foráneo, sino apropiación y creación fértil que nació de la sensibilidad de toda Hispanoamérica.
El consuelo más hondo que deja el documental, maravilloso en tantos sentidos, es que, más allá de las variaciones, más allá de las particularidades que ofrecía cada país en el mosaico vasto de Hispanoamérica, pese a las políticas y los políticos de todos los países, empecinados muchas veces en romperlo todo, pese a los regímenes estultos que han poblado la geopolítica de estas tierras, pese a sus rencillas domésticas y sus malquerencias con algunos vecinos, pese a las ansias históricas de algunos por enemistar y dividir, queda la esperanza de que Hispanoamérica existe. Y a mí, amigo lector, no me parece poco.
«Say no more».
atalaya.espectador@gmail.com, @D_Zuloaga
