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10 Dec 2020 - 3:00 a. m.

Una retrospectiva de Beatriz González

Atalaya

Terminó el 8 de diciembre la retrospectiva que de Beatriz González realizaron el Pérez Art Museum de Miami y The Museum of Fine Arts de Houston, en asocio con el Banco de la República, en el Museo de Arte Miguel Urrutia.

La muestra —que reunía obra de todos los períodos de su fecunda trayectoria— ofrecía un panorama completo, pues iba desde sus inicios con la Versión de la rendición de Breda III (cuadro que pintara la artista en el último año de su formación en artes plásticas en la Universidad de los Andes en 1962) hasta sus pinturas más recientes, pasando por sus telas de denuncia política y sus muebles intervenidos. Se incluyó también la gran tela que se expuso en la Bienal de Venecia del año 1978, titulada Telón de la móvil y cambiante naturaleza, una reproducción y parodia de El almuerzo sobre la hierba de Édouard Manet, y a juicio de la propia Beatriz González es la mejor exposición que la pieza ha tenido hasta la fecha (cuando se presentó en la bienal fue necesario recogerla y plegarla ligeramente porque las dimensiones de esta excedían las del espacio). De sus trabajos monumentales pudo apreciar también el espectador su peculiar homenaje al Guernica de Picasso; tampoco quedó por fuera de la muestra su icónica tela Los suicidas del Sisga, dos de las tres variaciones que hizo la maestra fueron expuestas (la tercera integra una colección privada en Estados Unidos).

Los suicidas del Sisga constituyeron, sin duda, un punto de inflexión en la trayectoria de la artista y fueron basa también de lo que habría de venir después: la existencia de uno o de varios modelos (u originales) de los que se valía para concebir la obra, una paleta que desborda los límites del realismo y que resulta, no obstante, característica de períodos enteros de su creación plástica, y una preponderancia de la bidimensionalidad en casi todas sus figuraciones. El cuadro se expuso en el 17° Salón Nacional de Artistas y obtuvo una mención compartida con Antonio Grass.

La retrospectiva, curada con acierto y gusto por Mari Carmen Ramírez y Tobias Ostrander, culmina en cierta forma un ciclo de exposiciones monumentales que comenzaron con su magnífica muestra en el Museo de Arte Contemporáneo de Burdeos en 2017. Los trabajos más recientes, de clara denuncia política y que encuentran un punto de fuga en la luctuosa toma del Palacio de Justicia en 1985, dejan ver que Beatriz González no ha abandonado su marcado compromiso con el país y muestran también la vitalidad de quien, sin duda, seguirá nutriendo las galerías, las colecciones y páginas enteras de la historia del arte colombiano.

@D_Zuloaga, atalaya.espectador@gmail.com

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