13 May 2021 - 3:00 a. m.

Vientos de cambio

Siempre que aparece un candidato o un movimiento nuevo en política se habla de «vientos de cambio» o de «vientos de renovación». Pero como nada nuevo hay bajo el sol, tras los presuntos «vientos de cambio» adviene casi siempre –y no sé por qué digo casi– una gran decepción.

Recuerdo que cursaba mi doctorado en España, y allí vivía, cuando apareció en el horizonte una nueva fuerza política que clamaba cambio y decencia. Cuando uno miraba con recelo o sospecha, cuando otro se permitía expresar cierta reserva, salían los adeptos del nuevo partido a tildar la mesura, la prudencia y el compás de espera de inacción, de pesimismo o de reacción. Yo, menos proclive, quizás, a esos espejismos que produce el entusiasmo de la masa, salí a observar el fenómeno en las calles, pero lo contemplé siempre con distancia; muchos españoles, además, lo miraron con desconfianza.

El ascenso y la caída del líder de ese partido político, que conoció varios nombres a lo largo de su agitada existencia, constituyen una fábula que, por lo ejemplar, no carece de moraleja política.

El partido político se llama (se llamó) Podemos, y uno de los líderes de este partido, que emergió de las marchas del 15 de mayo de 2011, fue Pablo Iglesias. Politólogo y abogado, pronto pudo llegar, gracias a la cantidad de votantes esperanzados que se volcaron a las urnas en busca del cambio, a ocupar un escaño en el Parlamento Europeo (en el año 2014). En el 2020 fue nombrado ministro de Derechos Sociales y Agenda 2030, y vicepresidente de Gobierno.

Su vida privada no fue menos meteórica que la pública. Habitante de Vallecas, barrio popular de Madrid, el vocero del movimiento, que clamaba justicia y decencia al interior de la política española, a los pocos meses estaba cooptado por las redes del sistema. Tras declarar que él era habitante y miembro de la comunidad de Vallecas y que de allí no se iba, se mudó a una lujosísima casa en las afueras de la ciudad. La vigilancia privada de la casa la paga su partido político. Un escolta de la esposa del líder político, Irene Montero, denunció que además de escolta fungía como chofer, mensajero, mecánico y que trabajaba, por supuesto, horas extras para poder atender todos los requerimientos de sus jefes.

Irene Montero fue nombrada ministra de Igualdad y ella y su esposo contrataron, con cargo a los gastos del partido político, a una miembro del partido y amiga personal de la esposa para que fungiera de niñera privada de los infantes. Etcétera.

La semana pasada Pablo Iglesias y su partido sufrieron una derrota estrepitosa en las elecciones de la Comunidad de Madrid. Tras conocerse los resultados de los comicios, declaró que dejaba su cargo de vicepresidente y la vida política. Antes de incursionar en la esfera pública, Iglesias trabajó como panelista en varios medios de comunicación; como político denunció con vehemencia el fenómeno de la puerta giratoria, tan común en España. Habrá que ver, entonces, si sale por una puerta distinta a la giratoria que en su momento tanto criticó.

@Los_atalayas, atalaya.espectador@gmail.com

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