En el nororiente de Italia, en la costa del mar Adriático, existe una ciudad construida sobre un centenar de pequeñas islas separadas por canales y unidas por más de 400 puentes. Por casi un milenio fue la capital de una potencia financiera y marítima con sofisticadas instituciones que produjeron una enorme cantidad de riquezas. Por allí pasaron la seda, el grano y las especias de Oriente, los soldados y peregrinos de Occidente durante las Cruzadas, los lienzos de Bellini y Tiziano, las composiciones de Albinoni y Vivaldi, y hoy pasan también por allí los secretos de la selva colombiana registrados por sus habitantes.
Desde 1895 se...

Por Juan Diego Soler
Doctor en Astronomía y Astrofísica en la Universidad de Toronto, Canadá. Investigador científico del Instituto de Astrofísica Espacial y Planetología en Roma, Italia. Autor de los libros “Relatos del confín del mundo (y el universo)” y “Lejos de casa”. Escribe sobre ciencia para El Espectador desde 2011.
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