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Los átomos del gran satán – parte II

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Juan Diego Soler
27 de marzo de 2026 - 11:58 a. m.
Imagen satelital del estrecho de Ormuz, una ruta marítima de
gran importancia estratégica que separa a los Emiratos Árabes Unidos e
Irán y a las principales masas de agua del golfo Pérsico y del golfo
de Omán.
Imagen satelital del estrecho de Ormuz, una ruta marítima de gran importancia estratégica que separa a los Emiratos Árabes Unidos e Irán y a las principales masas de agua del golfo Pérsico y del golfo de Omán.
Foto: Nasa
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El pasado 28 de febrero Estados Unidos e Israel lanzaron ataques aéreos sorpresa contra múltiples objetivos y ciudades de Irán, matando al líder supremo Ali Jamenei y a varios otros funcionarios iraníes. La ofensiva desencadenó un conflicto que tiene al mundo en vilo ante la que podría ser la mayor interrupción al suministro de petróleo y el gas a nivel mundial desde la crisis energética de la década de 1970. Según Estados Unidos e Israel, Irán estaba a punto de fabricar un arma nuclear. ¿Qué significa eso exactamente?

La primera reacción nuclear artificial en Irán se produjo en 1967, en un reactor de prueba suministrado por los Estados Unidos como parte de su programa “Átomos para la paz”, con el cual el presidente Dwight Eisenhower intentaba mostrar al mundo que la energía nuclear no se limitaba a las bombas y podría beneficiar a la comunidad internacional con aplicaciones en la generación de electricidad, medicina, agricultura e investigación. El sistema funcionaba con uranio-235, el mismo combustible de la bomba nuclear que explotó sobre Hiroshima.

La gran mayoría de los átomos del elemento uranio que se encuentra naturalmente en la corteza terrestre tienen 92 protones y 146 neutrones en su núcleo, de ahí su denominación de uranio-238 (92+146=238). Hacia 1938, los físicos alemanes Otto Hahn y Fritz Strassmann descubrieron que los átomos de uranio se dividen en núcleos más pequeños (como el bario y el criptón) al ser bombardeados con neutrones, liberando grandes cantidades energía. Los cálculos realizados por una antigua colega de Hahn, Lise Meitner, refugiada en Suecia tras el ascenso del nacionalsocialismo, y su sobrino, Otto Frisch, llevaron a la conclusión de que se había liberado tanta energía que se trataba de un tipo de proceso hasta entonces desconocido. Frisch, tomando prestado el término utilizado en biología para la división celular (fisión binaria), denominó a ese proceso fisión nuclear. Pero no todos los átomos de uranio se comportaban de la misma manera, los más reactivos eran apenas la minoría de los encontrados en los yacimientos naturales, uranio-235, que tiene 143 neutrones en lugar de 146. Para favorecer las reacciones y la liberación de energía hace falta aumentar la cantidad de átomos de uranio-235, un proceso que se conoce como enriquecimiento de uranio.

Usualmente, las aplicaciones militares requieren uranio mucho más enriquecido, con mayor proporción de uranio-235, que las aplicaciones civiles. Los métodos de enriquecimiento de uranio se desarrollaron por primera vez a gran escala en el marco del Proyecto Manhattan, con el que Estados Unidos desarrolló armas nucleares durante la Segunda Guerra Mundial. Años más tarde, en el seno del programa nuclear de la Unión Soviética, se desarrolló el método de centrifugación, que usa el movimiento de rotación para separar los átomos de distintas masas y aumentar la proporción de uranio-235.

Durante las décadas de 1970 y 1980, el científico paquistaní Abdul Qadeer Khan perfeccionó el método de centrifugado para el producir combustible nuclear con el que se desarrolló la bomba atómica de Pakistán, detonada por primera vez en un ensayo subterráneo el 28 de mayo de 1998, pocas semanas después de la segunda prueba nuclear de India. El arma no solamente le permitía equilibrar su fuerza con el país del que se había separado y con el que había librado tres cruentas guerras. También se había convertido en una herramienta para estrechar sus lazos con otras naciones musulmanas con intereses nucleares, entre ellas, la República Islámica de Irán.

Es difícil saber qué tan cerca se hallaba Irán de una bomba nuclear o cuál era el alcance de las negociaciones para limitar su desarrollo en la fecha del ataque. Es imposible saber hacia donde marcha este conflicto o predecir sus consecuencias para los colombianos, aunque el desabastecimiento y el incremento en los precios ya se asoman en varias esquinas del mundo. ¿Es darse un paseo por la historia, la física y la geografía una forma de mitigar sus consecuencias? Probablemente no, pero es una forma de evitar la deriva en la marea de la historia y, a lo mejor, nos hace mejores testigos del tiempo que nos está tocado vivir.

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Juan Diego Soler

Por Juan Diego Soler

Doctor en Astronomía y Astrofísica de la Universidad de Toronto, Canadá. Investigador científico del Departamento de Astronomía de la Universidad de Viena, Austria. Autor de los libros “Relatos del confín del mundo (y el universo)” y “Lejos de casa”. Escribe sobre ciencia para El Espectador desde 2011.
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carlos olivares(23084)Hace 1 hora
Contra Irán siempre ha permanecido esa disculpa,de armas atómicas,pero la realidad es otra , que todos sabemos pero preferimos mirar para otro lado ,por temor al amo y señor USA. En la actualidad es muy feroz el amo anaranjado.
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