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22 Apr 2022 - 12:04 a. m.

El grito de gol

Esta columna es un homenaje más a Freddy Rincón, uno de los futbolistas que más alegrías nos ha dado. Los que tuvimos la suerte de crecer viendo esa selección Colombia de finales de los años 80, en un mundo donde algo como el Internet era una película de ficción, hemos sido privilegiados. Desde los contragolpes de Iguarán en esa Copa América del 87 contra Paraguay, hasta la fatídica muerte de Andrés Escobar, el fútbol era algo más que esa pasarela de modelos que se ven hoy en día.

Fueron tiempos memorables para la entrecortada historia del fútbol colombiano. Una historia llena de altibajos deportivos, malos manejos directivos y mucho narcotráfico. Por desgracia, lo que quedaba en el campo, se iba para otro lado y esa sensación de violencia y desastre se mantuvo latente durante mucho tiempo.

Por fortuna, las generaciones entre los años 70 y principios de los 80 solo veíamos lo que pasaba en la cancha y aún teníamos la inocencia de ver ese fútbol magnífico que desplegaba Valderrama. Todos se pegaban al pibe. Su tranco largo y fino marcaba el tempo de lo que era fútbol total. Era nuestra propia versión, midiendo las proporciones por supuesto, del Brasil del 70. En esa intención de jugar por el equipo, llegó Rincón, y sucedió lo que muchos vimos en directo por televisión en esos minutos finales contra Alemania en Italia 90.

El grito de gol de Rincón simboliza para mí un instante que se congeló en el tiempo del fútbol colombiano y en mi memoria de niño. La alegría por encima de todo, la batalla nunca perdida, la ilusión siempre viva de que es posible llegar más lejos. Y es que con el pasar de los días, todo eso se fue perdiendo y pese a que un tipo flojo y superficial como James Rodríguez piense lo contrario, la deuda con esos jugadores y ese técnico siempre estará ahí. Cómo le caímos a Maturana con su “perder es ganar un poco”, cuando en el fondo siempre ha habido algo de razón en esa frase. Porque a pesar de perder, en la lógica de ese entonces, ese equipo y esos jugadores creían más en el fútbol que en otra cosa y construían su juego y su vida desde esa perspectiva.

El grito de gol de Rincón, la fuerza de sus piernas, esos goles inolvidables, ese palazo (segundos 42 a 45) en la escuadra que pudo cambiar el rumbo del partido contra Camerún, no son solo recuerdos, sino aprendizajes para las nuevas generaciones. Existe en su homenaje, un homenaje a la historia de lo que podríamos llegar a ser como país si creemos un poco más en nosotros mismos. Es un homenaje a una época, a la infancia y adolescencia de muchos, a una ilusión casi perdida, pero cuya llama no se extingue del todo.

No deja de ser una tristeza que ese homenaje se vea opacado por la desgracia de un accidente. El sino trágico de ese héroe del minuto 47. Rincón no merecía esa muerte y menos que lo dejaran por ahí tirado. Pero así somos, eso no ha cambiado y al parecer seguimos en la dirección equivocada. Ojalá que nos quede algo más de Rincón que ese mágico gol. Ojalá que nos quede el ejemplo de una generación, de una intención de cambiar el rumbo de un equipo y detrás de ese equipo el de un país.

Pienso en ese gol y veo a mis compañeros de colegio celebrando, veo a mi familia, veo desde la ventana de nuestro apartamento de Niza las calles colmadas de gente. Veo también algo de alegría en esa época de carros bomba y asesinatos. Veo al mismo país que sigue luchando por demostrar que puede ser mejor. Veo la estética de un deporte que ha cambiado y de unos héroes que siguieron con su vida. Veo lo efímero de todo, lo absurdo y maravilloso de la vida. Veo a Valderrama haciéndole el pase a Rincón y a Rincón ordeñando a Bodo Illgner. Veo el grito del gol. Lo veo simplemente perfecto.

@jfcarrillog

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