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Creer en el perdón es importante, máxime en un país como Colombia. Pedir perdón es un acto de paz y aceptarlo es un esfuerzo que requiere de mucho valor, más aún cuando vivimos en una sociedad resquebrajada de forma casi permanente por la violencia. En estos últimos años, aunque muchos han pedido perdón en Colombia, habrá unos tantos que terminarán sus días sin siquiera entender todo el daño que le han ocasionado a nuestro país. Y así seguirán quedando muchas heridas abiertas que si no se cierran a tiempo, solo seguirán provocando resentimiento, frustración, mucha rabia y por ende más muerte.
Santos compareció ante la Comisión de la Verdad la semana pasada y pidió perdón por los falsos positivos: esa especie de solución final criolla donde un par de mentes criminales dentro de la estructura estatal tuvo la cruel idea de ir matando inocentes para hacerlos pasar por delincuentes. En su intervención, Santos tildó esta práctica como despiadada y se dirigió de manera abierta a todas las familias afectadas.
Hasta ahí creo que la intervención tenía algo de sentido. Sin embargo, el formato y la intención de su comparecencia fueron cambiando cuando, de pierna cruzada y como si se tratara de una entrevista de farándula, el expresidente le fue echando toda el agua sucia a terceros, mientras que, en una especie de acto de contrición, y casi confesión, esperaba la absolución del padre Francisco de Roux. ¿Qué más puede decir Santos sobre esos terceros? ¿Qué sabe sobre las redes del poder y de la violencia del Estado durante su ministerio? Es probable que seguir hablando al respecto podría aliviar mucho dolor.
Lo de los falsos positivos en esa época no era un secreto y por poco le cuesta la presidencia a Santos. Todos los sabían, pero según él, poco pudo hacer en calidad de ministro para detenerlo. Luego ganó las elecciones, le echó algo de tierra y siguió con el tema de la paz como si no hubiera pasado nada.
Creo en el poder del perdón, e insisto en que es fundamental para Colombia. Sin embargo, la intervención de Santos me deja un sinsabor porque, pese a no poder evaluar con exactitud qué tan sinceras son sus intenciones, me parece que sus palabras ocultan algo. Me queda la sensación de que existe un intento personal por querer ir al cielo enviando a todo el mundo al infierno. Podría resultar algo bellaco salir a decir cualquier cosa con tal de quedar bien, en lugar de decir realmente lo que pasó.
El problema en este caso no es el acto de pedir perdón per se. El problema es la manera cómo lo hace y la floja autocrítica para explicar con claridad su responsabilidad real. Está claro que si Santos tenía conocimiento de esa práctica, y no estaba de acuerdo con ella, debió manifestarse antes, oponerse con firmeza o en el peor de los casos renunciar. Y digamos que si no lo hizo en ese momento porque sentía mucha presión o miedo (lo cual podría tener algo de sentido), debió al menos expresarlo luego de recibir el Nobel de paz. ¿O debió quizás rechazar ese premio por esa razón?
Ahora bien, nunca es tarde para pedir perdón y espero que Santos esté trabajando en cómo apoyar a esas familias que perdieron a sus hijos por culpa de los falsos positivos. Ojalá que sus palabras no se queden ahí y exista de parte suya un ejercicio real de reparación. Una persona con su poder político tiene cómo hacerlo y tampoco es tarde para ello.
@jfcarrillog
