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29 Dec 2021 - 4:39 a. m.

El sentido de estos tiempos

Con el paso de la Navidad y la llegada del año nuevo, la mayoría de las personas intenta renovar su vida con furtivas promesas que, por lo general, se evaporan unos meses después. Pese a todo, cada uno busca desde sus posibilidades darle algo de sentido a estos tiempos atropellados por el virus y sus variantes, y la imponente sociedad de consumo que no da tregua. ¿Qué sentido le estamos dando a la Navidad y a estas fiestas hoy en día?

Mi sensación es que en tiempos como estos, cada vez está costando más trabajo mantener las tradiciones y ver el verdadero valor de lo que representan. La sociedad de consumo ha ido invadiendo de forma abrupta el espacio de la vida en familia, de la reflexión personal, de esa intención que pregona la Novena de “matar el odio y sembrar la justicia y la paz”. Desde hace ya un buen tiempo, las ganas de regalar algo material, algo grande y novedoso, algo lujoso, les han ganado la partida a las buenas intenciones, a los símbolos, a la magia real de lo que significa este periodo del año. ¿Nos preocupa realmente cómo sembrar la justicia y la paz? Difícil decirlo…

A esto debemos sumarle el juego de los medios de comunicación, siempre ávidos a mostrar cualquier estupidez, cuando deciden vendernos como noticia las fiestas decembrinas de los futbolistas y otros famosos. En pequeñas imágenes alejadas de la realidad de la gran mayoría, los medios nos quieren hacer creer que esas fiestas, esos árboles de cinco metros de altura, y esas vacaciones de ensueño representan lo que deberíamos alcanzar algún día, ese ideal al que todos deberíamos aspirar sin contemplaciones ni miramientos.

A esta pérdida de significado sobre el valor de estos tiempos, debemos sumarle lo que está pasando con los negocios y la sobreinformación que hay detrás del virus: las pruebas rápidas, las PCR, los tapabocas de todas las formas y colores, los desinfectantes, los termómetros, los programas de comunicación virtual y las compañías que los desarrollan, entre muchos otros productos. Así como nadie debería cuestionar la existencia real del virus y la importancia de estar vacunado, tampoco se debería esconder que para unos miles de personas en el mundo lo que está pasando con el virus los está beneficiando como nunca.

Estar jugando con el miedo a enfermarse ha hecho que se pierda la capacidad crítica y se caiga en contradicciones absurdas: países que deciden cerrar fronteras entre sí, pero las dejan abiertas con países vecinos, a sabiendas de que estos últimos siguen en contacto con todo el mundo; personas que dan positivo en una prueba rápida, pero terminan con una PCR negativa; laboratorios que ofrecen resultados negativos por debajo de cuerda para que las personas puedan seguir viajando sin problemas.

Esta carga adicional de la pandemia nos ha hecho menos sensibles a lo que pueda estar pasando con los demás, nos ha envuelto en un miedo donde la falta de criterio hace que sigamos como borregos lo que nos dice un supuesto “experto” y no seamos realmente capaces de poner en duda lo que está pasando para seguir viviendo.

El sentido de estos tiempos se ha convertido en un contrasentido. Entre el temor a perder la vida por el virus y la búsqueda incesante de lo material, tener un resfrío parece un crimen, y pensar en el otro con generosidad y desapego es un disparate. En estos tiempos es posible que, como lo evoca el filósofo surcoreano Byung-Chul Han, el mundo esté llegando al límite de su capacidad y valdría dedicar estos días de fiesta y regocijo para pensar un poco al respecto.

@jfcarrillog

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