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La peligrosa, sutil y silenciosa presencia machista

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Juan Felipe Carrillo Gáfaro
26 de enero de 2021 - 07:55 p. m.
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Hoy en día denunciar el machismo sigue siendo fundamental en un país como el nuestro, máxime en tiempos de pandemia. Las noticias al respecto no escasean y la violencia física que utilizan muchos hombres (varones para ser más exactos) para agredir a las mujeres está a la vuelta de la esquina. La presencia del macho alfa, de ese que cree ser dueño de “su mujer”, y de sus pesadas actitudes sobreprotectoras han hecho parte de los hogares colombianos por muchos años. Hacer cambiar esa estructura significa cambiar toda una mentalidad arraigada en estúpidas tradiciones de otrora; en enervantes prejuicios de antaño que poco sirven para avanzar como sociedad.

Lo anterior es evidente y se ha denunciado una y otra vez. Aun así, los comportamientos evidentes de machismo de muchos hombres siguen dejando mucho que desear y es difícil pensar que van a cambiar de la noche a la mañana, y menos en una época como esta. Pero si esto siempre ha sido preocupante, también lo son las actitudes de esos hombres que, escondidos en una aparente igualdad de género, reproducen lo que el psicoterapeuta Luis Bonino denominó los “micromachismos”. Aunque el término genera controversia por su potencial tendencia a invisibilizar agresiones graves y evidentes, vale la pena reflexionar al respecto.

Además del galopante y escandaloso machismo de todos los días, existe a mi parecer una peligrosa, sutil y silenciosa presencia machista en muchos hombres que paradójicamente se ven como detractores del machismo. En algunos casos, da la impresión de que basta con esconderse en la realización de prácticas consideradas en otros tiempos como “exclusivas” de las mujeres, para sentir que se está haciendo “justicia” en términos de género.

Y es que la primera presencia silenciosa y sutil de ese machismo radica en esa sensación de estar siendo “justo” con las mujeres como si se tratara de un favor que se les está haciendo. El equilibrio por ejemplo en la realización de tareas domésticas no puede estar basado en esa búsqueda de una aparente justicia, donde los hombres que lavan los platos, cambian pañales y hacen la comida, terminan al final del día echándole en cara a las mujeres todo lo que han hecho. Sucede algo similar con esos hombres que han decidido trabajar medio tiempo para liberar a sus parejas de las cargas domésticas y que solo están esperando a que éstas terminen de trabajar para salir (cuando se podía) o hacer otra cosa. El resultado: las mujeres trabajan todo el día y luego tienen que asumir una buena parte de la carga doméstica en su tiempo de descanso.

La segunda presencia silenciosa y sutil de ese machismo tiene que ver con la capacidad de muchos hombres de buscar subrepticias disculpas para no hacer ciertas actividades relacionadas con el cuidado de los hijos y las labores domésticas. Pareciera existir una estrategia, a veces inconsciente, para justificar el mínimo esfuerzo a la hora de realizar esas actividades. Esas disculpas oscilan entre lo ocupados que suelen estar los hombres en esos momentos (los famosos “tengo que”) y la ligera facilidad con la que se escudan en el “no saber hacer algo” o “no me gusta hacer eso”. La ley del mínimo esfuerzo en esos escenarios esconde una tendencia de no darle la posibilidad a las mujeres de escoger. La tendencia anterior va de la mano con esperar a ver si las mujeres se adelantan en la realización de ciertas tareas. Se trata de esa solapada manera de hacerse el tonto, del “no me di cuenta”, del “gracias por adelantarte”.

De manera lenta, como lo menciona Bonino, esos comportamientos no solo terminan reforzando la idea machista de superioridad sobre las mujeres, sino también producen “un daño sordo y sostenido a su autonomía que se agrava con el tiempo”. En el texto incluido en esta columna podrán leer en detalle las diferentes categorías utilizadas por el autor para presentar el concepto de micromachismo. Vale la pena darle una mirada para identificar hasta dónde en nuestro día a día, y en especial en los espacios privados, estamos conviviendo con él sin darnos cuenta.

@jfcarrillog

Conoce más

 

David(26932)27 de enero de 2021 - 08:45 p. m.
Buena columna. Queda mucho por aprender y transformar. Ojalá lo logremos con las próximas generaciones porque con las que vivimos, está como jodido, pero ojalá.
Berta(2263)27 de enero de 2021 - 01:39 p. m.
El machismo político: Petro no tiene ética; por eso respaldó al candidato Morris a la alcaldía de Bogotá sin importarle que está acusado de violencia doméstica. Dejó el partido que lo catapultó para crear el suyo propio. Es mentiroso, manipulador, arrogante, sectario y polarizador. Dejé de creer en él cuando votó por Ordoñez. Su persecución a AM Robledo es machista y violenta. La apoyo.
Liliana(13412)27 de enero de 2021 - 12:23 p. m.
Que maravilla!
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