15 Sep 2021 - 4:55 a. m.

Tierra Masái

Situada al suroeste de Kenia, en el condado de Narok, se encuentra la reserva natural de Masái Mara. Allí ocurre una vez al año, entre junio y septiembre, la migración de animales más importante del mundo. Más de un millón de ñus y cientos de miles de cebras atraviesan el río Mara desde el parque de Serengeti en Tanzania en busca de comida. Miles de visitantes de todo el mundo ansían vivir aquellos momentos idílicos de los documentales donde los predadores esperan el momento indicado para cazar la presa ideal. Y si esto no sucede, los turistas no pierden la oportunidad para llenar las memorias de sus celulares y cámaras con cada animal que encuentran por ahí.

Y aunque está claro que los animales son los principales protagonistas de estas historias, también lo es la tribu Masái ubicada entre Kenia y Tanzania. En las cercanías de Masái Mara, junto a la puerta principal de Sekenani, se alcanzan a percibir destellos de lo que fue este pueblo seminómada muchos años atrás. Hoy una buena parte de los más de 800 mil individuos que lo conforman, se han visto obligados a ir cambiando su modo de vida.

Agolpadas junto a los carros de los turistas que ingresan al parque y ataviadas con sus trajes y adornos tradicionales, las mujeres Masái intentan en vano vender cualquier tipo de artesanía que les permita obtener unos chelines extra. Su insistencia es tal que entre más se niegan los turistas a comprar, más se sienten motivadas para no despegarse de los carros y no perder la esperanza de hacer negocio.

Una vez se cruza la puerta principal de la reserva se puede otear su inmensidad. Pero lo que quizás llama más la atención a primera vista es esa especie de pseudo corregimiento Masái que alberga los cientos de personas que trabajan en los campamentos hoteleros. Sorprende ver la cantidad de basura que colma los espacios verdes donde se pasean las cabras de los Masái. Algo que sin duda no parece ser fortuito: la invasión de su espacio por los turistas y el desenfrenado deseo de la sociedad de consumo que todo lo arrasa, ha ido convirtiendo a esta tribu en un algo que ellos mismos no son capaces de identificar. Pese a haber logrado preservar su propia lengua y muchas de sus costumbres, los Masái de esta parte de la reserva parecen arrinconados. La invasión de su territorio por razones agrícolas, el cambio climático de los últimos años y el uso de la tecnología a ultranza los están haciendo vivir una vida que seguramente no se asemeja a la de otrora.

Empero, cuatro guerreros Masái dedicados al turismo no parecen sentirse incómodos por ello. Con el tiempo se han ido adaptando a esos cambios. Junto a sus lanzas y sandalias hechas a mano, sus utensilios para hacer fuego tomando como base boñiga de cebra y un par de chamizos, su atuendo rojo para imponerse a los animales de la sabana, se perciben sus relojes y celulares. Sin duda, su universo es otro y han hecho lo necesario para acostumbrarse a él de la mejor manera. Por suerte, la vasta extensión de la tierra Masái que cubre los parques naturales entre Kenia y Tanzania aún los protege, a ellos y a los animales, de nuestras concupiscencias imperialistas.

@jfcarrillog

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