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Juan Felipe Carrillo Gáfaro
08 de enero de 2026 - 09:19 p. m.
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Tras una larga pausa de dos años, volver a escribir esta columna es una profunda alegría. Por razones profesionales, no estaba autorizado a participar en medios de comunicación y, aunque las experiencias vividas en estos meses han valido la pena, no fue fácil dejar este espacio de lado. Desde mi última columna en noviembre de 2023, el mundo se ha convertido en un universo de cosas absurdas, cuyo paroxismo nos lleva, de manera lógica, a Trump y a sus peligrosas ocurrencias desde que ocupó la Casa Blanca.

Y aunque no es mi intención hacer una lista exhaustiva de estas últimas, sí vale la pena mencionar un par de ellas y cómo han afectado a miles de personas. No le bastó a Trump poner el puño sobre la mesa para desmantelar USAID y dejar a una buena cantidad de personas y proyectos sociales a la deriva. Sucedió algo de similar magnitud con Naciones Unidas, cuando, bajo presión financiera, se forzó una reestructuración a la carrera, demostrando no solo la fragilidad de la organización para hacer cumplir su mandato, sino también su absoluta dependencia de esos pocos países que dominan el mundo a sus anchas y, como Trump, lo adaptan a su conveniencia.

Está claro que tanto USAID como Naciones Unidas, así como otras organizaciones internacionales, requieren un cambio en su funcionamiento; pero una cosa es hacerlo con criterio y otra hacerlo desde el autoritarismo. Lo que ha quedado claro, como bien lo expone Martín Caparrós en su columna en el diario El País de España, es que Trump es “el puto amo”.

Y es que ser ese tipo de “amo” nos está llevando a creer no solo que todo vale, que el fin justifica los medios y que “la política no tiene relación con la moral”, como afirma Maquiavelo, sino también a reproducir en nuestra vida cotidiana pequeñas acciones que siguen la lógica de lo impune, de lo arbitrario, de lo que no debería tener nombre. Los que siempre han pensado así se regocijan al creer que siempre han tenido la razón: esa razón de tratar mal a los demás, a sus empleados, a sus vecinos, al mesero del restaurante; esa razón de tapar y justificar la ausencia de ética con un dedo, de no responder un correo electrónico, de no devolver esa llamada, de demostrarle al otro que “invisibilizarlo” o “fantasmearlo” está de moda.

En el fondo, el problema no es Trump; el problema es que no se pueda frenar su verborrea violenta, que haya muerto tanta gente en Gaza y en Sudán sin que se haya podido reaccionar antes, que frente a los ojos de todos las prácticas temerarias y agresivas se normalicen. En el fondo, el problema es acostumbrarnos a ver cómo se entregan premios de paz sin sentido, cómo se habla de bondad en redes sociales mientras se pisotea al otro de manera permanente, cómo nuestros valores se van adaptando de manera inconsciente a lo que esos acosadores quieren de nosotros. Ya parece no importar si Trump se subió al avión con Epstein, si trata mal a las mujeres, si estados unidos (con minúscula) tiene el derecho a meterse en otro país cuando le da la gana (por más que Maduro haya sido tan peligroso como Trump), si esos acosadores creen tener la verdad.

Es nuestro deber moral resistir a esa tentación de normalizar todas estas prácticas. Los que aún creemos en ciertos principios estamos en la obligación de mirar con ojo crítico los desmanes de quienes nos gobiernan, gobiernan el mundo y, en teoría, tienen la responsabilidad de protegernos. Es una prioridad que aprendamos a resistir todo aquello que hoy en día se cree como Trump: jefes déspotas, colegas agresivos, padres violentos, organizaciones vacías, vidas centradas en el éxito como sinónimo de plata, poder y nada más.

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Frapolo(7328)Hace 2 horas
Qué bien, don Juan Felipe.
Gines de Pasamonte(86371)Hace 2 horas
Si sus opiniones son del talante de esta columna, es decir, opiniones donde la sindéresis, el equilibrio y la verdad campean, bienvenido, Juan Felipe. Decía Camus que hay que meterle ética a la política, pero no al revés, que es exactamente lo que hacen estos mediocres “lideres”, tal el caso del “señor” milei (en minúsculas), trump, netanyahu y mucho bicho colombiano que no es menester mencionar…, por ahora. Saludos.
DONALDO MENDOZA M.(67774)Hace 4 horas
Do Fidel, cuente con que atenitas seguirá renovando su suscripción. No importa que sus comentarios sean solo ladrarle a la luna.
Atenas (06773)Hace 5 horas
Con torpes explicaciones más necesarias pa él q’ pa cierta clase de lectores o suscriptores q’ aún nos aguantamos estos desplantes de EE, o de Fidel q’ es lo mismo, regresa Carrillo G., y entonces me río de la necedad del director cuando clama por más suscripciones apelando a un relamido dicho suyo “Apostémosle al poder de la palabra”, lo q’ bien encaja en la sentencia “Lo q’ hace con la mano lo borra con el codo”. Y así no tiene cuándo. Atenas.
Concha Arevalo(99107)Hace 8 horas
Bienvenido señor Carrillo, extrañé mucho sus escritos. Ésta no es la excepción a sus excelentes columnas.
  • Juan Felipe Carrillo Gáfaro(66878)Hace 6 horas
    Muchas gracias! Lo valoro mucho. Saludos, Juan Felipe
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