Publicidad

¡Ah!, las famosas listas

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Juan Gabriel Vásquez
13 de septiembre de 2008 - 04:10 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

EL OTRO DÍA ME VOLVIERON A PEDIR una de esas listas imposibles: los diez libros que me cambiaron la vida. Fue el periódico El País de Madrid, que les pidió la misma lista a otros noventa y nueve escritores de lengua española, y luego sacó sus conclusiones: simplemente sumando puntos (las veces que el libro en cuestión había sido mencionado por un escritor entre los que le cambiaron la vida a él), pusieron a Don Quijote en primer lugar, y enseguida En busca del tiempo perdido, y enseguida la Odisea. Ficciones, de Borges, quedó en el puesto 10; la Divina comedia (cosa que habría indignado a Borges), en el 60.

Sé que hay gente a la que no le gusta nada las listas. No les gusta que se hagan, no les gusta leerlas, no les gusta que se las pidan. Esta gente suele indignarse cuando aparece una lista, diciendo que la literatura no es un escalafón deportivo, o que los gustos son relativos, o que el canon es una idea mandada a recoger. Y a uno le dan ganas de decir que los que hacen las listas ya saben todo eso, y que, de todas formas, si alguien cree de verdad que en una lista de los diez mejores libros de la historia están de verdad los diez mejores libros de la historia, pues tiene muy poca idea de cómo funcionan tanto la historia como los libros. En cambio, tomarse estas cosas como lo que son un pretexto más para hablar de literatura puede conducirlo a uno a revelaciones más interesantes que la solemnidad indignada de los otros.

A mí me ha costado lo mío escribir la lista. Otras veces me habían preguntado cuáles eran los diez mejores libros, o los diez libros que hay que leer, o cosas así: mucho más fácil, porque uno se escudaba detrás de valores más o menos abstractos y sacaba una lista para todo el mundo. Pero los libros que a uno le cambiaron la vida no tienen por qué coincidir con los que deberían habérsela cambiado, y para escogerlos uno tiene que ser consecuente con el papel que ese libro jugó en su vida, no con su importancia para la literatura universal. Todo es cuestión, supongo, de escoger un criterio. Yo escogí éste: los libros que me cambiaron la vida son los que me metieron en la cabeza la idea de dedicarme a escribir, o los que, una vez tomada la decisión, cambiaron mi idea de las ficciones que quería escribir.

Y así, por ejemplo, Don Quijote no está entre mis libros, pero Hamlet sí: no sé cuántas veces la habré leído, pero calculo que la he oído, en una versión para radio de la BBC, unas sesenta o setenta veces. Y no está la Odisea, que siempre he admirado sin que me enseñe gran cosa, y en cambio está el Ulises de Joyce, que es como un catálogo de las maravillas que se pueden hacer con el idioma. Están los libros que imité cuando comenzaba a escribir: Cien años de soledad, La casa verde, Ficciones. Están los que me enseñaron a escribir los míos: no habría podido escribir Los informantes sin Pastoral americana, de Philip Roth, ni Historia secreta de Costaguana sin Memorias del subsuelo, de Dostoievski.

Supongo que sucede igual para los lectores que no escriben libros. Conozco a uno, por ejemplo, capaz de recitar cantos enteros de la Divina Comedia, pero que al hacer un inventario de éstos prefiere poner Veinte mil leguas de viaje submarino, con el argumento bastante sensato de que nunca hubiera leído a Dante si Verne no le hubiera contagiado, a los diez años, el virus de la lectura. Y me decía este amigo precisamente que, aun si no sirven para otra cosa, estas listas sirven por lo menos para que la gente hable de libros. Admitamos que hay peores maneras de gastar el tiempo.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.