Publicidad

¿Es usted lector de Javier Marías?

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Juan Gabriel Vásquez
26 de febrero de 2010 - 03:38 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

EL PRIMER LIBRO QUE LEÍ DE JAvier Marías fue Corazón tan blanco, y me sigue pareciendo que es ésta la puerta de entrada ideal a su obra.

Lo leí en marzo de 1999; en estos once años he leído todo lo que ha escrito Marías: sus extraordinarias novelas, sus novelas menos extraordinarias, sus varios volúmenes de cuentos o artículos. E incluso he leído lo que no ha escrito, sino traducido: El espejo del mar, de Conrad, lo leí primero en la traducción de Marías que en el original. Lo que quiero decir es que Marías es uno de esos autores rarísimos: los que generan pasiones, los que no permiten las medias tintas. Uno lo colecciona o lo aborrece. Yo lo colecciono, aunque no podría defender todos sus libros. Pero tampoco puedo defender todos los libros de Vargas Llosa, por decir algo, ni de Philip Roth. Y siempre me interesarán más estos novelistas, los que se caen por la borda de tanto llevar las cosas al extremo, que los otros, los medianos que no disgustan a nadie, esos tibios de la literatura.

Pues bien, la última novela de Marías me viene muy bien para ilustrar el punto, porque no se me ocurre, dentro de la literatura contemporánea en español, un libro más radical, más extremista, que Tu rostro mañana. Todos ustedes ya conocen las características externas del libro, sus intimidantes señas particulares: son tres volúmenes de títulos herméticos que Marías publicó en 2001, 2004 y 2007; el total, por lo menos en la edición original, es de 1.608 páginas. Muchos críticos despistados siguen hablando de trilogía, pero no es una trilogía lo que tenemos aquí: es una novela en tres volúmenes, igual que En busca del tiempo perdido es una novela en siete volúmenes. Digo que es un libro extremista y radical porque —y que esto funcione a manera de advertencia— Tu rostro mañana es una especie de hipertrofia de Javier Marías: todos sus rasgos como novelista están ahí, sólo que mucho más. Y eso seduce a sus lectores de siempre, claro, pero impacienta y hasta indigna a quienes no lo son.

¿Y cuáles son esos rasgos que aparecen hipertrofiados en esta novela? Los comienzos meditativos, por ejemplo: igual que Mañana en la batalla piensa en mí y Negra espalda del tiempo, los tres volúmenes de Tu rostro mañana comienzan con esas consideraciones abstractas de los narradores de Marías, y la única diferencia es que en aquellas novelas la meditación duraba un párrafo, y en éstos dura diez páginas. Otro ejemplo: las digresiones. A Marías, lector fiel de Don Quijote y de Tristram Shandy, le ha gustado siempre interrumpir la acción para irse por una rama (que muchas veces, dicho sea de paso, acaba siendo más interesante que el tronco). En otros libros, esa digresión podía durar algunas páginas; en Tu rostro mañana hay una escena magistral en que un inglés, armado con una espada antigua, está a punto de degollar a un español en un baño para minusválidos del Londres del siglo XIX, pero basta con que el hombre levante la espada para que Marías nos tire a la cara una desviación de 70 páginas sobre las armas, el miedo y la Guerra Civil española.

En fin: se trata —como espero haber transmitido, así sea por simple entusiasmo— de una gran novela. Es excesiva, caprichosa, idiosincrásica, y no es necesariamente la que yo recomendaría para empezar a leer a Marías. Pero es una gran novela.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.