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Al final de sus declaraciones de la última semana, el procurador Alejandro Ordóñez soltó esta perla: “Exagerando un poco, podríamos decir que en esta materia el alcalde se la fumó verde”. Ya recuerdan ustedes de qué materia se trataba: el alcalde Petro había propuesto la creación de centros para drogadictos —una medida que ya ha dado buenos resultados en otros lugares, que ha reducido la violencia y combatido el microtráfico—, pero había presentado la propuesta como suele presentar Petro sus propuestas: como caprichos de momento, como ocurrencias que acaba de tener, como la última idea de la mañana.
Lo cierto, sin embargo, es que son propuestas serias que están basadas en estudios serios y quieren resolver problemas serios, y merecen, por eso, ser presentadas con más seriedad. A Petro y a su equipo les falta talento comunicador, y así les va. Pero el asunto de esta columna no es ése (aunque también), sino la reacción impagable de Ordóñez, inscrita desde ya en los anales de la bajeza política colombiana: “El alcalde se la fumó verde”, dijo este procurador. Y siguió tan tranquilo.
De hecho, el país entero siguió tan tranquilo: yo no he visto que nadie se haya molestado realmente por la frasecita. Nadie ha salido a decir que esas palabras de mal gusto son indignas de un procurador, aunque el procurador sea tan indigno como Ordóñez; ni he visto que nadie las señale como una mera gracejada, barata de contenido y de formulación, una apelación a los prejuicios y los lugares comunes que uno esperaría de Ordóñez en su conversación privada, pero no con un micrófono en la mano y cuando lo que está en juego es un debate de importancia. El alcalde de la capital del país lanzó una propuesta basada en la experiencia de otras ciudades y en la observación empírica de ciertos fenómenos; el procurador (para quien eso de la observación empírica no pegó) le responde con dos alegatos de nivel escolar y un chistecito de comedor de cocina. “Se la fumó verde”, dice el procurador, y los amigotes sueltan una risotada. Que ni siquiera es genuina: le ríen el chiste barato para que no haya un silencio incómodo, para que el procurador no quede como un bobo entre amigos.
A ese nivel ha llegado la discusión en este triste país de politicastros sin peso ni prestigio, de figuras públicas cuyo poder es inversamente proporcional a su léxico. Parte de la culpa es de nosotros, por supuesto, que les reímos las gracias y los invitamos a que así se comuniquen, no sólo con nosotros sino también, y sobre todo, entre ellos. Y lo que sucede en estos casos, lo que sucede cuando se rebaja el nivel del debate como ha hecho —como hace con demasiada frecuencia y con la tolerancia de los ciudadanos— el procurador Ordóñez, es que el debate se queda abajo, noqueado, y no se recupera nunca. Ahí está el mismo Petro, que respondió por Twitter a la tontería de Ordóñez con otra tontería: “Simple, no fumo”. Era una buena oportunidad para contestar de otra forma: “Hice una propuesta estudiada y Ordóñez me contestó con una frivolidad. Colombia necesita gente más seria y responsable en los altos cargos”. Aquí, si no he contado mal, hay 139 caracteres.
Les regalo el que me sobra.
