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Del mesianismo petrista al autoritarismo peñalosista

Juan Manuel Ospina

10 de febrero de 2016 - 11:09 p. m.

Esa parece ser la suerte de nuestra maltrecha democracia capitalina.

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El uno, sintiéndose que es la feliz síntesis de Gaitán y Salvador Allende, el guía mesiánico que con su verbo y su energía nos liberará de las garras de la corrupción y de la injusticia. El otro, cual urbanista iluminado por las luces de la tecnología y de la administración, nos llevará a la ciudad por él soñada, que tiene un cierto tufillo norteamericano: suburbana, con grandes vías y niños sonrientes jugando en unos parques de ensueño y para rematar, un radiante sol primaveral que hace que todo se vea más bonito.

Son sueños (¿proyectos?) bien diferentes pero con un fundamento común: en ambos la gente es un simple dato numérico y tanto Petro como Peñalosa creen que el futuro y la felicidad de esas personas innombradas, están en sus manos providenciales. Parecen olvidar que ellas tienen cosas para decir sobre sus vidas y sueños – los de ellas no los de sus “salvadores” -. Hay que escucharlas para entenderlas, para incluirlas de verdad en los proyectos que las tienen como sus beneficiarios, para trabajar conjuntamente en trazar el camino que se quiere y se puede recorrer. Esa no es la vía fácil de gobernar pero es la única verdadera y que permite construir una sociedad de ciudadanos libres y responsables; solo así la política puede recuperar su dignidad y su legitimidad democrática, que jamás se logrará con caudas electorales que siguen a un jefe, a un caudillo iluminado.

Ambos, tal vez por la misma razón pueden tener buenas ideas diferentes pero no necesariamente contradictorias como se pretende mostrar, con el único fin de aupar a esas caudas electorales movidas más por el sentimiento que por la razón. Son proyectos y realizaciones no comunicados – ni explicados ni compartidos con los ciudadanos – como consecuencia de malas estrategias de comunicación que olvidan que gobernar democráticamente, no autoritariamente, implica y exige comunicar.

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El gobernante no es solo un guía que congrega y moviliza, sino un maestro que escucha y explica, que ilustra, que acepta y respeta las naturales diferencias y la consiguiente confrontación social, como un elemento consustancial con la condición humana y la realidad de sociedades heterogéneas y diversas.

Quienes hacen su vida en Bogotá se manifestaron en las elecciones de Noviembre en favor de un cambio para salir del autoritarismo mesiánico petrista e eligieron a un Peñalosa con perfil de gran gerente para que corrigiera las debilidades de un Petro más dado al discurso y a la confrontación que a la ejecución de lo prometido.

Empieza a aflorar el temor ciudadano, al cual debería ponerle atención el Alcalde, de haber cambiado un autoritarismo por otro, que tal vez sea mejor en la gerencia, pero autoritarismo al fin y al cabo ¿Era eso lo que buscaron los electores el pasado Noviembre? Tengo mis dudas. Peñalosa necesita decir para dónde va; explicar temas gruesos como el cambio en el proyecto del metro, que comparto; el manejo ambiental y del espacio público, Salud a su hogar, el papel de los constructores (“del cemento”) en su administración… temas fundamentales sobre los cuales la ciudadanía debe estar completamente informada y su voz escuchada. El voto deNoviembre no puede ser interpretado como un voto en blanco sino como un mandato de cambio, que no sea impuesto como en el pasado reciente, sino discutido para generar el compromiso ciudadano que es el alma del gobierno democrático.
 

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