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El POT de Petro

Juan Manuel Ospina

12 de junio de 2013 - 06:00 p. m.

El día a día de las rutinas y los problemas cotidianos – los malditos trancones en las vías, las aceras “asesinas”, las quebradas vueltas basureros, los vecinos que convierten su casa en almacén, la inseguridad que nos roba la noche… - hacen que se olvide la discusión pública y la definición del tipo de ciudad en que se quiere vivir.

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¿Será por casualidad la caótica Bogotá la única opción de ciudad que nos queda? Una ciudad con  barrios residenciales distantes de los sitios de trabajo y con los colegios a una hora de la casa; una  donde los pobres,  llegados de todo el país y abandonados a su suerte, sigan invadiendo y construyendo con  sus manos  barrios sin servicios ni calles, inseguros  frente a los delincuentes   y a la naturaleza que los arrasan  las primeras lluvias del invierno; una ciudad donde lo que sobrevive  de naturaleza es despojado de su vegetación y  desecados sus cuerpos de agua  para sembrarlos  de cemento y basuras; una ciudad, en fin, que  vive a espaldas de sus vecinos y de la naturaleza que le da su alimento, su agua, su energía y su aire limpio, sin conciencia de su pertenencia a la  región central de Colombia.

Los famosos  POT que son los planes decenales de ordenamiento territorial de los municipios, están concebidos precisamente para intentar transformar y ordenar esta realidad. Y el de Bogotá no puede ser la excepción. La ciudad  tiene una oportunidad que no puede ahogarse en discusiones estériles como hasta ahora ha ocurrido. Los temas son gruesos como la realidad de una población creciente que es hoy de 7.6 millones y en solo 8 años aumentará en un millón más. Una vivienda cuyo déficit aumenta de año en año; una disponibilidad de tierra que se agota y ello obliga a tomar en serio dos estrategias que contempla el proyecto de POT: la densificación para hacer un uso  más intensivo del suelo urbano disponible con la construcción en altura (“crecimiento vertical”), y la  estrategia de revitalización del centro urbano, puntos en los que el proyecto debería ser más flexible,  entendida la densificación del centro como  énfasis y factor ordenador del  crecimiento de la ciudad. ¿Entre otras, qué se hizo  el mecanismo de captación pública de la plusvalía, adoptado en la segunda alcaldía de Mockus?

El POT de Petro busca romper el modelo actual de centralidades urbanas para establecer que el conjunto de la ciudad es “multiuso”. Busca  avanzar en la formalización y cohesión de una ciudad fruto de un  proceso histórico de crecimiento caótico. Busca acercar espacialmente lo sitios de vivienda con los de trabajo y acceso a servicios (comercio, artesanales, restaurantes, bares, cines, servicios públicos y privados, financieros,…) ;  que  los entornos de las estaciones del transporte masivo  sean zonas  de poblamiento denso con servicios públicos y de comercio disponibles, a la europea. El proyecto habla de “mezclar”,  un concepto ambiguo para caracterizar el propósito de lograr  una ciudad más integrada en  sus sectores sociales y barrios,  que  garantice el acceso de todos sus habitantes a unos mínimos en términos de servicios y condiciones de vida. El POT de Petro tendría las claves para lograr una mejor ciudad. No puede desaparecer en el cenegal del cortoplacismo de las querellas y pasiones de la pequeña política distrital. 

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