Así como me pareció un acto irresponsable con el país, la innecesaria e injustificada venta de ISAGEN, por razones deleznables de intereses cortoplacistas o de simple bronca ideológica a todo lo que huela o suene a público, frente al sacrosanto interés privado, considero que hoy lo irresponsable es cerrar filas para que no le toquen un pelo a ETB.
El problema es que el alcalde Peñalosa, con esa sobradez que lo caracteriza, está empeñado en venderla de inmediato y a lo que den por ella, para lo cual busca acomodarla en el Plan de Desarrollo para así cuadrar sus cuentas de presupuesto. Gravísimo error porque por el afán va a hacer un pésimo negocio para la ciudad.
Rafael Orduz – que fue presidente de la ETB y sabe dónde ponen las garzas en temas informáticos y de nuevas tecnologías -, reitera una propuesta que en su momento hizo: No es venderla sino conformar una alianza con un socio estratégico que tenga, en sus palabras, “músculo financiero y destreza tecnológica” para aprovechar bien las redes instaladas de infraestructuras para la conectividad, la reciente de fibra óptica, y el universo de clientes de la empresa. Atrás quedó en el mundo la época de las empresas públicas de telecomunicaciones, generalmente municipales, cuando los servicios existentes se reducían a la telefonía fija local y la de larga distancia, prestados en mercados cautivos y aislados, no integrados. Hoy la demanda por esos servicios está en caída libre – para dar un ejemplo, en Colombia en los últimos quince años, los suscriptores al servicio de telefonía móvil se han multiplicado por veinticinco -. Hoy los usuarios tienen una demanda por productos y servicios que es múltiple, que crece y se diversifica al ritmo de las nuevas tecnologías. Una realidad que como pocas está transformando el mundo en que vivimos.
Los cambios tecnológicos iniciados en los ochenta, el internet y los celulares enfrentaron a las empresas a necesidades críticas de capital y de actualización tecnológica permanente como condición necesaria para operar en un mercado global y ultracompetitivo, controlado por un puñado de empresas, grandes jugadoras multinacionales, que tienen lo que a la ETB le falta – capacidad financiera y disponibilidad permanente de tecnología de punta en continua evolución - para desempeñarse o al menos sobrevivir en ese durísimo mercado abierto y ampliado.
Entre 2013 y 2015, la administración de Gustavo Petro invirtió $2.1 billones en infraestructura de fibra óptica, televisión interactiva digital y telefonía móvil, para buscar darle talla a ETB de manera tal que le hiciera frente a la competencia de las multinacionales. Fue un intento equivocado que fracasó porque aunque se pudo poner una plata importante esto no modificó el escenario general del negocio, que literalmente muele a la empresa, y ello sin mencionar la irresponsabilidad sindical defendiendo unos beneficios indefendibles, a costa de la viabilidad de la empresa y del interés ciudadano. Las cifras son demoledoras e irrefutables: la rentabilidad operativa de la inversión, los beneficios brutos que genera pasaron del 50% en 2008 al 28% en 2015, aunque una reciente consultoría los sitúa en el 11.8%. Como bien lo afirma Orduz, es un escenario de una desvalorización imparable de la empresa.
¿La solución sensata, responsable con la ciudad, es salir a las volandas a venderla en esas condiciones, a lo que den por ella, como plantea/ordena el Alcalde?
Definitivamente no. La decisión inaplazable para contener la hemorragia financiera, pasa por dos decisiones complejas pero responsables: disminuir los gastos inflados en la pasada administración para “sincerar” la nómina, debatir claramente con el sindicato para defender el interés general de la ciudad, cortar lo no estrictamente indispensable a la par que lanzar una gran ofensiva para recuperar mercado y valorizar las inversiones realizadas. Eso no se hace ni fácil ni rápidamente, pero es lo serio y responsable. Mientras se endereza la empresa, diseñar y poner en práctica la consecución de un socio estratégico que cumpla con las condiciones anotadas; hay tiempo mientras se recompone la empresa. Así Bogotá preservará uno de sus más importantes patrimonios volviéndolo productivo para los ciudadanos y para sus socios, que no son objetivo incompatibles, si se trabajan con juicio. Lo otro, es echar por un atajo que termina en el despeñadero: no hacer nada o vender de afán. Es el momento de calibrar lo que tanto nos han vendido: que Peñalosa es un gran gerente.