El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

ETB no es ISAGEN

Juan Manuel Ospina

11 de mayo de 2016 - 09:00 p. m.

Así como me pareció un acto irresponsable con el país, la innecesaria e injustificada venta de ISAGEN, por razones deleznables de intereses cortoplacistas o de simple bronca ideológica a todo lo que huela o suene a público, frente al sacrosanto interés privado, considero que hoy lo irresponsable es cerrar filas para que no le toquen un pelo a ETB.

PUBLICIDAD

El problema es que el alcalde Peñalosa, con esa sobradez que lo caracteriza, está empeñado en venderla de inmediato y a lo que den por ella, para lo cual busca acomodarla en el Plan de Desarrollo para así cuadrar sus cuentas de presupuesto. Gravísimo error porque por el afán va a hacer un pésimo negocio para la ciudad.
Rafael Orduz – que fue presidente de la ETB y sabe dónde ponen las garzas en temas informáticos y de nuevas tecnologías -, reitera una propuesta que en su momento hizo: No es venderla sino conformar una alianza con un socio estratégico que tenga, en sus palabras, “músculo financiero y destreza tecnológica” para aprovechar bien las redes instaladas de infraestructuras para la conectividad, la reciente de fibra óptica, y el universo de clientes de la empresa. Atrás quedó en el mundo la época de las empresas públicas de telecomunicaciones, generalmente municipales, cuando los servicios existentes se reducían a la telefonía fija local y la de larga distancia, prestados en mercados cautivos y aislados, no integrados. Hoy la demanda por esos servicios está en caída libre – para dar un ejemplo, en Colombia en los últimos quince años, los suscriptores al servicio de telefonía móvil se han multiplicado por veinticinco -. Hoy los usuarios tienen una demanda por productos y servicios que es múltiple, que crece y se diversifica al ritmo de las nuevas tecnologías. Una realidad que como pocas está transformando el mundo en que vivimos.

Los cambios tecnológicos iniciados en los ochenta, el internet y los celulares enfrentaron a las empresas a necesidades críticas de capital y de actualización tecnológica permanente como condición necesaria para operar en un mercado global y ultracompetitivo, controlado por un puñado de empresas, grandes jugadoras multinacionales, que tienen lo que a la ETB le falta – capacidad financiera y disponibilidad permanente de tecnología de punta en continua evolución - para desempeñarse o al menos sobrevivir en ese durísimo mercado abierto y ampliado.

Entre 2013 y 2015, la administración de Gustavo Petro invirtió $2.1 billones en infraestructura de fibra óptica, televisión interactiva digital y telefonía móvil, para buscar darle talla a ETB de manera tal que le hiciera frente a la competencia de las multinacionales. Fue un intento equivocado que fracasó porque aunque se pudo poner una plata importante esto no modificó el escenario general del negocio, que literalmente muele a la empresa, y ello sin mencionar la irresponsabilidad sindical defendiendo unos beneficios indefendibles, a costa de la viabilidad de la empresa y del interés ciudadano. Las cifras son demoledoras e irrefutables: la rentabilidad operativa de la inversión, los beneficios brutos que genera pasaron del 50% en 2008 al 28% en 2015, aunque una reciente consultoría los sitúa en el 11.8%. Como bien lo afirma Orduz, es un escenario de una desvalorización imparable de la empresa.

Read more!

¿La solución sensata, responsable con la ciudad, es salir a las volandas a venderla en esas condiciones, a lo que den por ella, como plantea/ordena el Alcalde?

Definitivamente no. La decisión inaplazable para contener la hemorragia financiera, pasa por dos decisiones complejas pero responsables: disminuir los gastos inflados en la pasada administración para “sincerar” la nómina, debatir claramente con el sindicato para defender el interés general de la ciudad, cortar lo no estrictamente indispensable a la par que lanzar una gran ofensiva para recuperar mercado y valorizar las inversiones realizadas. Eso no se hace ni fácil ni rápidamente, pero es lo serio y responsable. Mientras se endereza la empresa, diseñar y poner en práctica la consecución de un socio estratégico que cumpla con las condiciones anotadas; hay tiempo mientras se recompone la empresa. Así Bogotá preservará uno de sus más importantes patrimonios volviéndolo productivo para los ciudadanos y para sus socios, que no son objetivo incompatibles, si se trabajan con juicio. Lo otro, es echar por un atajo que termina en el despeñadero: no hacer nada o vender de afán. Es el momento de calibrar lo que tanto nos han vendido: que Peñalosa es un gran gerente.
 

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.