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La Bogotá que Claudia sueña

Juan Manuel Ospina

23 de septiembre de 2021 - 12:00 a. m.

¿Tendremos una Bogotá más amable con sus habitantes, especialmente con las mujeres, y con la naturaleza que la rodea, y que en buena medida la condiciona como ciudad, con unos espacios más integrados de vida, de atención de sus gentes y de trabajo? Una lectura de lo que la Administración ha avanzado con su proyecto de POT, así lo permite vislumbrar.

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Claramente rompe con la visión peñalosista de la obra física (el cemento) dominando la estrategia y la inversión; aunque la calidad de vida de las personas importa no es lo fundamental, no es el corazón de su ciudad.

La premisa fundamental del proyecto es que Bogotá no se expandirá más, abandonando la visión dominante del suburbio norteamericano que crece indefinidamente, con sus grandes distancias a recorrer para satisfacer hasta la menor necesidad, como comprar cigarrillos o leche; de ahí el imperativo de encementar su espacio con calles y autopistas, para que el rey urbano, el carro particular, circule libremente, expulsando a sus habitantes, sus verdaderos reyes.

Ese criterio básico coloca como un propósito central del desarrollo de Bogotá la protección de sus suelos y espacios ambientales: la Reserva Natural Van der Hammen, los humedales, el Páramo de Sumapaz, los Cerros Orientales y las cuencas de las quebradas, que suman más de 200 cuerpos de agua; así como sus tierras rurales: zona rural del Norte, Usme y Sumapaz. La meta, aumentar en un 30% el área de la estructura ecológica principal de la ciudad, su factor estructurante al asumirla como una totalidad de vida.

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En segundo lugar, plantea superar la división de Bogotá entre los espacios de trabajo y los de vida, que deteriora la calidad de vida de las personas al condenarlas a largos desplazamientos realizados a costa de su bolsillo y de su tiempo personal. Pero también afecta la vida de la ciudad secuestrada por esas masivas movilizaciones diarias de cientos de miles de ciudadanos, producto de una mala, o mejor, de una falta de planeación urbana, generadora de una ciudad escindida, no funcional.

El proyecto de POT, ataca la situación desde dos frentes complementarios que asumen el desarrollo de la ciudad más allá de la construcción de viviendas, al atender lo que este denomina, los soportes urbanos. Ante todo, con una movilidad limpia ambientalmente, gracias a una gran infraestructura de movilización masiva que asumiría la dimensión regional del espacio bogotano: tres trenes regionales, cinco líneas de metro urbano y siete cables aéreos. La complementaría, para la movilización individual, la construcción de cuatrocientos kilómetros de ciclo vías y de andenes peatonales. Esta es la parte financieramente desafiante o aún utópica del POT propuesto.

En segundo lugar, plantea favorecer el desarrollo de vivienda en altura para densificar el espacio urbano, aunado a la construcción de viviendas de interés social (VIS) con unas áreas mínimas superiores a las vigentes, en zonas centrales de la ciudad como medio para lograr una mayor integración social urbana – por razones diametralmente diferentes, tanto los pobres como los ricos habitan las periferias urbanas -. Plantea regresar al tradicional esquema decimonónico de actividades económicas en el primer piso de las residencias, para impulsar la combinación de los usos del espacio, necesaria para superar el concepto exclusivista y antifuncional de barrios solamente residenciales, con la redefinición de la política de localización de actividades económicas diversas para generar espacios públicos más integrados que faciliten y mejoren la calidad de la vida, en términos de trabajo y de tiempo libre para el entretenimiento, la socialización, la familia, la educación…

En tercer lugar, y con el mismo propósito, se propone en las diferentes localidades, la construcción de la red de equipamientos para el cuidado y atención en cuestiones de salud y educación, principalmente, a población de primera infancia y mayores, liberando a las mujeres de una carga de trabajo inequitativa para el cuidado que debe prestarles a esas personas, generalmente de su familia, al poder ya compartirla con la administración de la ciudad.

Es un POT con elementos novedosos pero también reivindicativos de viejas aspiraciones y necesidades de la ciudad y de sus habitantes. Diseña una ruta para mínimo los próximos 12 años, con su carga de sueños, único antídoto conocido contra la rutina y el facilismo. Le deseamos suerte en su complicada travesía para su aprobación por el Concejo.

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