¿Isagén es símbolo de corrupción, ineficiencia y/o despilfarro?
¿Su actividad no está directamente relacionada con el interés ciudadano y las responsabilidades del Estado? La respuesta es un rotundo no. Todos, amigos y enemigos de su venta, están de acuerdo en que como empresa es modelo y es muy rentable, no solo en términos financieros; para los amigos de la venta, el negocio se debe hacer porque los compradores, por esa misma razón, pagarían un buen precio; los enemigos de su venta por el contrario consideramos que es por ello por lo cual el Estado la debe conservar y así garantizar que lucre no a unos pocos sino al país; que beneficie no a unas empresas en particular, sino a la economía en general, a la cual además le da la garantía del indispensable abastecimiento energético, de manera suficiente y oportuna, máxime en estos nuevos tiempos de cambio climático y de cuestionamiento creciente del empleo de las energías de origen fósil.
Si esa es la realidad entonces ¿cuáles son las razones del afán, del empecinamiento del gobierno, en contra de una opinión mayoritaria adversa a la venta, en la cual confluyen ingenieros y economistas, dirigentes políticos y sociales, obreros y empresarios, sin distingo ideológico? No siendo razones ni técnicas ni económicas ni políticas, son ideológicas basadas en la idea errónea de que el Estado siempre es el problema nunca la solución, como en su momento lo predicó Ronald Reagan y lo acogió el llamado neoliberalismo, que solo cree en la iniciativa e intereses privados, con total prescindencia de lo estatal y desconocimiento de lo público. Tanto la realidad económica nacional como la internacional, la pasada y la presente, muestra con hechos y no con discursos, que los fundamentalismos de estado y de mercado son igualmente falsos e inconducentes. Es claro, la Sociedad necesita de ambos en unas proporciones adecuadas a sus situaciones concretas: “tanto mercado como sea posible, tanto estado como sea necesario”.
Hoy en el mundo, el capitalista y el exsocialista, el del desarrollo y el del atraso, luego de la embriaguez neoliberal se vuelve a discutir sobre cuál y cómo debe ser la presencia estatal; se reconoce que “lo público” no debe marginarse sino redefinirse; que es equivocado, cuando no francamente irresponsable, delegarlo en unos particulares que lo desnaturalizan al convertirlo en una fuente más de ingresos privados, como se aprecia hoy con la salud y la seguridad social, o con la educación.
De los servicios públicos se puede decir lo mismo, en donde con todo y sus aires de gran multinacional, EPM en Medellín sigue siendo una empresa pública, pilar fundamental del desarrollo de la sociedad y de la economía, no solo de la medellinense, lo cual no puede decirse de otras ciudades que corrieron a privatizar sus empresas de servicios dizque para librarlas de las garras del clientelismo y la corrupción y mejorar la atención, y hoy siguen esperando el milagro que les haría la cacareada privatización.
Isagen se salvó de ser privatizada en el Gobierno Pastrana gracias a la acción del Congreso, en la cual tuve el honor de participar como senador, en apoyo de iniciativas ciudadanas y sindicales. Entonces la empresa le garantizó al país, en medio de la indiferencia de los generadores privados, el incremento en casi 1.600 megavatios de su capacidad de generación instaladaentre 1999 y 2015 – Miel, HidroSogamozo, Amoyá -. EPM por su parte construyó a Porce II y está embarcada en HidroItuango. Los privados (Emgesa) armaron el enredo del Quimbo que avanza de tumbo en tumbo, en medio de protestas de unos y otros. Las reformas al sector luego del apagón del 92, permitieron un fortalecimiento y tecnificación del sistema eléctrico del país a partir de modelo de generación mixto con empresas públicas y privadas, que se desarticularía con la privatización de Isagen.
Y para rematar el absurdo, se pretende con la plata de la venta crear una financiera pública para que el sistema bancario (Luís Carlos Sarmiento y cia…) le preste a los concesionarios de las obras “de cuarta generación” para que con los recursos públicos las construyan al Estado y luego los contratistas se beneficien de éstas a través de las concesiones. Y yo que creía que las concesiones eran para que capital privado complementara la inversión pública de las grandes obras. Bobo que es uno.