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La mentira, el arma de la guerra

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Juan Manuel Ospina
24 de septiembre de 2020 - 03:00 a. m.
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“El secuestro es la anulación, la expropiación de la identidad, el descuartizamiento de la persona; quienes lo sobreviven salen siendo otra persona”. Estas verdades tremendas pero profundamente humanas son de Íngrid Betancourt en la Comisión de la Verdad. Habló de una manera tranquila, firme y directa. Verdades irrebatibles por vividas, dichas con la serenidad de quien está curada de sustos y deja de lado lo anecdótico para mirar y narrar el fondo de una experiencia de vida y de horror. Y es contundente: el secuestro degrada al máximo la condición humana del secuestrado, pero también la del secuestrador.

Con el discurso de la guerra y de sus pretendidos propósitos revolucionarios, se creyó poder justificarlo todo, hasta lo injustificable. Pero, como resultado del Acuerdo de Paz, cayó “el manto de piedad” que recubría al secuestro —eufemísticamente denominado “retención” por las Farc—, dejando al desnudo su escabrosa realidad y confrontando a los excomandantes de la guerrilla con “la banalidad del mal” de su obrar —hermoso concepto de Hannah Arendt, a propósito del genocidio de los judíos por los nazis—. La guerra permitía justificarlo todo, sin restricción alguna.

Íngrid logra un avance fundamental para desentrañar las razones de nuestra confrontación armada. Identifica dos causas profundas e indisolublemente ligadas de una violencia que es continuada, no circunstancial. En primer lugar, la ausencia de un marco legal que deja desprotegidos para ser víctimas de abusos sobre todo a sectores pobres de la sociedad, situados al margen de la presencia y acción de un Estado encargado de la vigencia de ese marco legal. Quedan a la deriva en medio de la corrupción, la segunda causa anotada. Corrupción que necesita y genera la guerra para imponer violentamente su ley. Como quien dice, el fondo del problema de nuestra violencia es ético, con una raíz: la corrupción.

La corrupción no es solo quedarse con lo ajeno violenta o ladinamente. Es, en general, no respetar los derechos de los demás y de la comunidad en términos de su vida y bienes, de su acceso y disfrute de patrimonios y recursos públicos, que por su misma naturaleza no pueden ser apropiados ni destinados a objetivos privados, sean estos legítimos o no. Es acomodar por la fuerza de la intimidación las normas a sus propios intereses, también la letra pequeña de los contratos para ganarlos a cualquier precio y luego modificar las disposiciones a su amaño y conveniencia. Es relacionarse con y ver el mundo desde la mira del fusil, con el propósito de imponer no lo conveniente para la comunidad, sino lo que disponga la arbitrariedad armada.

La corrupción es el irrespeto al otro en su vida, derechos, opiniones y bienes. Corrompe el sentido de la vida de los demás y la propia, ejercida por un violento para el cual no hay un marco legal ni derecho ajeno o social que le ponga coto a su megalomanía antisocial y criminal.

Con la lucidez del dolor y la privación, que desnudan a quien sufre, facilitándole llegar al hondón del alma humana y mirar la realidad sin lentes para contemplarla en su simplicidad fundamental, Íngrid nos invita, dejando de lado tanta mentira de parte y parte, a una relectura de nuestra historia de conflicto y violencia, condición necesaria para volver realidad las palabras del papa Francisco a Francisco de Roux, S.J., al despedirse en Cartagena: “Colombia, esclava de la paz para siempre”. Que así sea.

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shirley(13697)24 de septiembre de 2020 - 02:11 p. m.
"Corrupción ejercida por UN VIOLENTO para el cual no hay un marco legal ni derecho ajeno o social que le ponga coto a su megalomanía antisocial y criminal". Descripción perfecta del AMO del señor Duque. No existe Corte ni Juez ni Tribunal que lo juzgue porque él está por encima de esas nimiedades humanas. A un " dios " sólo lo juzga otro " dios ". ¿ Cierto TOMBO DUQUE ?. Buen día.
Federico(1641)24 de septiembre de 2020 - 12:23 p. m.
Así las cosas, Duque y su partido están en guerra, no han dicho nada que se parezca a una verdad… Dos años mintiendo a raja tabla.
Atenas(06773)24 de septiembre de 2020 - 12:03 p. m.
Un grupo de europeos en Bogota, hace poco, y en trance de inversiones en Bogota, nos decian con evidente respeto y disculpas:"ustedes, mientras se hunden, declaman sentidos versos". Cierta/ derivamos en libertinaje y el desorden es nuestro estadio predilecto, circunstancias q' bien aprovecha la corrupta clase politica. Y nos siguen declamando. Quien intenta poner orden es el enemigo.
william(51538)24 de septiembre de 2020 - 11:17 a. m.
En resumen: Este gobierno del miserable que actúa como caja de resonancia del reo del Ubérrimo es corrupto hasta la médula. Ni siquiera existen las "justas proporciones", de las que hablaba el libanés Turbay Ayala.
Camilo(03596)24 de septiembre de 2020 - 10:47 a. m.
Tomo y obligo: La violencia del estado en manos de policía desbordada, es el irrespeto al otro en su vida, derechos, opiniones y bienes. Corrompe el sentido de la vida de los demás y la propia, ejercida por un violento para el cual no hay un marco legal ni derecho ajeno o social que le ponga coto a su megalomanía antisocial y criminal.
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