Publicidad

La política tiene ganas de renacer

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Juan Manuel Ospina
20 de octubre de 2016 - 02:00 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Se podría hablar del “secreto encanto de la política”, pues a pesar de que goza de una pésima fama, en alto grado merecida, sin embargo es tema obligado de toda conversación, aunque sea para maldecirla y culparla de todo lo malo, rara vez de algo bueno.

Los jóvenes la tienen clara o al menos la intuyen correctamente, pues cuando la ven negra o por el contrario, vislumbran una posibilidad de cambiar un presente mediocre sin futuro ni sueños ni propósitos, como se volvió  nuestro mundo y no solo acá en Colombia, salen de su aparente apatía y con  alegría y novedad salen a tomarse las calles, a protestar con una voz clara que nada esconde ni nada debe  justificar. Puede ser simplemente  impetuoso,  puede acabar en un fuego fatuo, que termina tan rápido como empezó,  pero puede ser también, y a eso le apuesto con mi optimismo o ingenuidad, la expresión de  la necesidad de romper la mediocridad presente, de apostarle a algo que le da sentido a la vida: jugársela por la paz y por la vida y contra la muerte.

A esa convicción no se llega a través de  conciliábulos o incisos ni de trescientas páginas de un farragoso e indigerible acuerdo de paz, pleno de  incisos y ambigüedades, sino simplemente por la unión natural de  voces y voluntades/corazones para, por encima de las diferencias,  mirar juntos  pa´delante,  que es hacia  donde miran los jóvenes, los  habitantes naturales del futuro. Con su movilización y de una manera contundente gritan  que les  dejan a los viejos - de espíritu, que no necesariamente de edad -, un  pasado, su pasado cargado con sus odios, frustraciones y rabias. La tienen clara que se trata de  un pasado que frena y amarga el presente al robarle a la vida presente  toda grandeza y esperanza. No les interesa acusar ni señalar,  simplemente enfatizar en  que todos podamos finalmente reconocernos  como hijos de esta tierra y que aquí y ahora  tenemos en nuestras manos, la posibilidad de un nuevo comienzo, en el cual seremos lo que siempre hemos sido, pero libres de la hojarasca  y del veneno acumulado por una guerra que no culminó y mucho destruyó.

Y al lado del coro de jóvenes decididos se ha escuchado la voz del capital, de los empresarios, armándose un binomio inédito pero con una enorme capacidad de transformación, pues ambos  parecen expresar su inconformidad con la situación de un país que no interesa ni a los jóvenes ni a los empresarios que quieren construir nueva riqueza y mejor distribuida, como única manera de justificar su esfuerzo empresarial. El empresario que no mire al futuro, que no se la juegue por él,  como empresario está condenado; quedaría reducido a  medrar en medio del despelote de un país crucificado por el conflicto y sus secuelas.

Son movidas de actores sociales fundamentales y la apertura de nuevos horizontes que en estos tiempos de cambio, dinamizados por el empate del plebiscito, se empiezan a  dar en medio de la ausencia total de los políticos y sus organizaciones, empezando porque la votación plebiscitaria no es producto de las maquinarias ni de su combustible, la  empalagosa mermelada. El nivel de la abstención se mantuvo en su promedio histórico, pero los abstencionistas en un alto porcentaje serían los  electores que solo se mueven  al ritmo que le imponga su jefe político. No sé cuántos de los jóvenes que hoy marchan votaron ese día, pero los resultados en el contexto en que se dio la votación indicarían  que el abstencionista no lo es por indiferencia o por egoísmo o falta de instrucción política, como se dice siempre; se es abstencionista  porque lo que le proponen votar, o no le interesa o considera que es un cuento, dada la crisis total de confianza en la palabra política, pues como en la canción, son palabras tan son solo palabras que se las lleva el viento.

Están dadas para que la política – en su sentido, quehacer  y actores – cambie de manera fundamental. Por el momento es solo una posibilidad pero podría ser  el principal  logro de los acuerdos, para bien de Colombia.  Sin duda la más importante víctima del conflicto armado ha sido una política que sea de verdad democrática.

Cruzo los dedos y hasta me dearía decir iluso porque la posibilidad de cambio real bien lo vale.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.