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La rebelión de los invisibles

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Juan Manuel Ospina
13 de mayo de 2021 - 03:00 a. m.
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Colombia es una caldera social que fue acumulando presión a lo largo de muchos años, alimentada por un desarrollo que destruyó la vieja sociedad sustituyéndola por el remedo de una a medias moderna, generadora de exclusión, frustración y rabia, sobre todo entre jóvenes sin futuro ni reconocimiento de una sociedad que los invisibilizó, jóvenes que hoy marchan y gritan para ser reconocidos. La fallida e inconsulta reforma tributaria fue la chispa que desató el incendio urbano. Y Cali es el escenario preciso para que esta rebelión de los invisibles se manifieste de manera más clara y contundente.

En las marchas de noviembre de 2019 ya se anunciaba lo que venía; era innegable un estado de ánimo ciudadano de inconformidad generalizada, especialmente en sectores de clase media que veían amenazados sus avances socioeconómicos del último medio siglo, a la par que enfrentaban un horizonte preñado de nubarrones de tormenta que alimentaban su incertidumbre y temores frente al futuro. Los estudiantes, especialmente los universitarios, estaban inquietos protestando porque el costo de las matrículas y de los créditos del Icetex comprometían su futuro inmediato, en un escenario de inicio de vida profesional marcado por la incertidumbre laboral y una única certeza: la deuda contraída principalmente con el instituto. La finalización del año escolar y la llegada de la pandemia hicieron que la dinámica de la protesta se suspendiera. La indolencia con que el gobierno Duque enfrentó entonces la situación solo sirvió para aumentar la presión de la caldera social. La pandemia exacerbó el ambiente de inconformidad y rechazo, profundizándose la crisis y la fractura social.

Para entender mejor el mar de leva que golpea a Colombia, es importante tratar de entender la realidad que vive Cali. Así como Medellín hace más de 30 años fue el epicentro de la guerra con el narcotráfico, hoy Cali lo es de otra guerra, de carácter social contra la marginación y discriminación que sufren los hijos del desplazamiento y la violencia con su alto componente de narcotráfico. Podemos decir que en esta ciudad se expresa urbanamente la crisis rural de una región convulsionada, con sus antecedentes en la violencia de los 50 y su aflujo de campesinos y medianos propietarios que llegaron a Cali ―pero también a Pereira—, migración que se mantiene alimentada por los conflictos por tierras y el narcotráfico en el norte del Cauca, en la cordillera Central y en la costa Pacífica. Con una economía de plantación azucarera de jornaleros y una industria que estuvo fuertemente controlada por empresas transnacionales, con tecnologías que limitaban su capacidad para emplear el aflujo de mano de obra que llegaba a protegerse en la ciudad y buscar una salida.

Hoy los que protestan son jóvenes pobres, hijos de esa migración que no logró su inserción en la economía y la sociedad urbana a donde llegaban, marginados e invisibilizados, que en estas circunstancias se han empoderado en calles y barrios. Se escucha su voz de rabia y desesperanza, la ciudad que los excluyó hoy depende de ellos para circular, para atender sus necesidades fundamentales.

Los hechos reclaman cambios a partir de reconocer e incluir a los invisibles de ayer. Es la tarea de largo aliento que Colombia, desde sus regiones, debe abocar como condición necesaria para ser una sociedad del siglo XXI y no del XVIII, como hasta ahora ha sido en lo fundamental.

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Jorge(75346)13 de mayo de 2021 - 10:53 p. m.
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Jorge(51508)13 de mayo de 2021 - 02:56 p. m.
Ya vemos a los Echeverry, Pinzón, Uribe, Cárdenas, Gutiérrez, Peñalosa aspirando a la presidencia, con los que solo se tendría "neoliberalismo ventiao”, más beneficios para los poderosos y el establecimiento, y más garrote para las clases media y pobre. Que se vayan olvidando porque el pueblo y la ciudadanía están despertando. Economía Social de Mercado en marcha; dirigencia alternativa al poder.
Jorge(51508)13 de mayo de 2021 - 02:36 p. m.
“La solución a la crisis social en Colombia está en la aplicación real y material del Artículo 1 de la CP del 91, que obliga a pasar de una economía de mercado neoliberal a una Economía Social de Mercado; En 30 año el establecimiento debió cambiar el Chip, pero como no fue así, una dirigencia alternativa debe asumir el poder en el Estado, a partir de un nuevo mandato ciudadano.
Atenas(06773)13 de mayo de 2021 - 02:14 p. m.
Soberana cátedra d lugares comunes es lo q' Ospina hoy opina, así son los simples docentes. Y llega a tal grado su necedad opinional q' hasta le parece mal el robustecido desarrollo económico q' pa el dpto del Valle ha significado el negocio del azúcar. ¡Cómo se ve q' no conoce! Y al desespero d los jóvenes mucho se aplicó Ortega y Gasset desde hace un siglo. Salud Hdez esto lo anticipó en 2018.
Julio(2346)13 de mayo de 2021 - 12:41 p. m.
La Casa de Nariño ya no es la sede del gobierno nacional sino el bunker del presidente, donde está parapetado y padeciendo de un violento Parkinson testicular, pues le están temblando los huevitos con una violencia tan sísmica que si la miden con un sismógrafo marcaría diez grados en la escala de Richter...
  • Atenas(06773)13 de mayo de 2021 - 02:17 p. m.
    Cómo está de perdido este tarugo de Julio sin h. Toda una excelente carambola nos significó este paro, la decidida reacción de civiles y las otras advertencias q' quedaron en el ambiente, cuánto presienten q' tenemos con qué volver a morder.
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