El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Lo logrado y lo que viene

Juan Manuel Ospina

06 de agosto de 2014 - 10:54 p. m.

El primer cuatrienio Santista le recuperó a Colombia su senda histórica de formalidad institucional para el ejercicio del poder, de respeto de la contradicción, la protesta y los derechos ciudadanos, así como de la división de los poderes públicos.

PUBLICIDAD

Santos es claro representante de la tradición liberal clásica, propia de nuestra cultura política. Fue victorioso en dejar atrás la terrible herencia del régimen de Álvaro Uribe al romper éste con esa tradición y esa cultura nacional, e imponer la personalización y la desinstitucionalización del ejercicio del poder. Álvaro Uribe se sentía, y actuaba, como si fuera un monarca del tiempo del despotismo ilustrado francés, del “Estado soy yo”, que desembocó en los horrores de la Revolución de 1789 con su implacable guillotina.

Ese es uno de los dos logros destacables de la gestión que termina, pues le permitió a Colombia recuperar el rumbo y la salvó de que se consolidara un régimen autoritario y mesiánico, propio no de la democracia liberal sino del populismo latinoamericano – desde el equívoco peronismo vigente desde mediados del siglo pasado, al chavismo contemporáneo -. A pesar de tener signos políticos e ideológicos contrarios, Hugo Chávez y Álvaro Uribe comparten la concepción y la manera de ejercer el poder; a nivel interno sucede algo semejante entre el expresidente y el Alcalde Petro. La razón es sencilla, el autoritarismo y el mesianismo son rasgos caudillistas sin color político, florecen en las dos orillas del escenario político e ideológico.

El segundo logro del primer gobierno Santos es su compromiso con la terminación del deteriorado conflicto armado interno, ampliamente apoyado por una ciudadanía hastiada de una guerra estéril. Lo de La Habana tiene en favor “el viento de la Historia”, independientemente de las críticas que se le puedan hacer y de las cuales parece que el Presidente de la República ha tomado cuidadosa nota, al igual que hizo con la valiosísima experiencia lograda por el país en este espinoso tema, que incorporó al diseño del proceso en curso. Atrás quedó la falaz presentación electoral de que era una confrontación entre amigos y enemigos de la paz y que votar contra él era votar por la guerra. Él sabe que la negociación no se definirá ni en La Habana ni en el Congreso, sino en las urnas, con la votación de su refrendación ciudadana. Ahí sí, la confrontación electoral será entre los enemigos de la paz, capitaneados por el expresidente, y sus amigos que no son ni se pueden reducir a quienes reeligieron a Juan Manuel Santos. Las recientes movidas conservadoras, en especial las de Marta Lucía Ramírez, van en esa dirección. No sobra recordar que con los acuerdos refrendados, la paz no florecerá automáticamente ni se terminará como por encanto la violencia, pero se habrá dado un paso gigantesco para lograrlo.

Read more!

Tareas que planteó pero no culminó, algunas ni siquiera empezó tienen que ver con “pagar la inmensa deuda del país con el campo”. Rayó la cancha para lograrlo y poco más; quedaron las bases para adelantar una acción coherente y sostenida para derrotar el mayor foco de pobreza y miseria del país, garantizar un manejo racional y sostenible de unos recursos de la naturaleza que son frágiles y limitados y lograr que el campo avance de manera incluyente y a la vez competitivo, para bien de todos y no de unos pocos; debe comandar el trabajo, el conocimiento y una visión de largo plazo y no el afán especulativo y cortoplacista.

La educación avanzó en estos años en términos de comprensión sobre su lastimosa realidad; se reiteró su urgencia. Como se viene haciendo ininterrumpidamente desde Simón Bolívar, y se lograron claridades sobre el qué hacer. Debe ser junto, con la rural, la gran bandera y compromiso del gobierno que hoy se inicia. Son el complemento que requiere La Habana, para poder construir una verdadera paz en Colombia que nos libere, entre otras, de las amenazas de supuestos mesías autoritarios.

Conoce más
Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.