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Loa al alma cubana

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Juan Manuel Ospina
14 de abril de 2016 - 05:50 a. m.
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La Habana no en vano fue conocida como “La perla del Caribe”.

Sigue siéndolo en tanto que permanece como el alma de una región y de una Cuba cosmopolita e inmensamente digna y creativa – en la música y la ciencia, en el difícil arte cotidiano de sobrevivir sin perecer en el intento -. Lo es luego de medio siglo de revolución y bloqueo, asumidos con alma cubana - nacionalista, cosmopolita y digna -, signada con la impronta indeleble de José Martí.

Cosmopolita desde la Colonia, puerta americana a Europa ( recordemos el juego infantil “De La Habana viene un barco cargado de…”); conoció anticipadamente las enseñanzas y prácticas del liberalismo económico inglés, obra de la invasión británica en los 1770; casi al tiempo, empujada por la Revolución Haitiana, recibió la cultura, los conocimientos y los esclavos de los azucareros franceses que huían; soporte fundamental de una desfalleciente España decimonónica – una relación fuerte que permanece - ; ya en el siglo XX fue controlada por Norte América, despojada de su autonomía a la par que articulada al vibrante capitalismo del nuevo poder mundial, hasta 1959 con la revolución marcadamente nacionalista liderada por Fidel Castro, de alma martiana. Cuba cosmopolita y nacionalista.

Cuba enfrenta los desafíos de su historia, con un espíritu abierto al cambio, emprendedor y pragmático, moderno e innovador, sostenido en su fuerza e identidad cultural. Rica en espíritu pero también en materialidad; basta con ver a La Habana, joya arquitectónica y urbanística inigualable, preservada paradójicamente por la revolución y la pobreza, convertidas en barreras del apetito salvaje de urbanizadores que construyen fortunas a costa de los espacios públicos y el buen vivir colectivo.

Una sociedad que se ha destacado históricamente por la calidad de sus sistemas educativos y de salud, vueltos banderas sociales de la Revolución; reconocidos y respetados hasta por Obama en su visita. Una sociedad francamente creativa cuyo ingenio se vuelca hoy a buscar ganarse el pan de cada día, pues con un sueldo de US$ 25 mensuales esa es tarea imposible, aunque se cuente con vivienda, salud y transporte gratis.

La gente debe rebuscársela en todo aquello que les genere unos recursos, no legales pero tolerados por el gobierno, vengan de donde vinieren. Inventan fuentes de ingresos y pero también reciclan, recuperan o adaptan cosas para su uso, cuyo símbolo universal son los carros, con más de medio siglo de estar rodando. Florecen “los cuentpropistas”, el embrión autorizado de la iniciativa privada en actividades de servicios – restaurantes (“paladares”), el alojamiento de turistas en casa de familia, el transporte-, que deben pagarle al Estado un impuesto superior al 50% del producto. Esos dineros configuran el grueso del ingreso familiar, gracias a una solidaridad nacida de la necesidad asumida con dignidad.

La realidad desnuda el fracaso de un sistema económico basado en un estatismo socializante. Cuba reclama una alternativa que tenga en cuenta la riqueza humana de sus gentes, su nivel de capacitación y su capacidad de emprendimiento, así como su riqueza agrícola y minera, y las bases existentes para desarrollar el turismo e industrias de alta tecnología (farmacéutica y de biotecnología).El riesgo en el horizonte es caer en las garras de un capitalismo salvaje, mafioso como el ruso que fue el resultado del afán y de las presiones irresponsables ejercidas por los organismos multilaterales y orquestadas por economistas capturados por el fundamentalismo de mercado propio del neoliberalismo, que querían simplemente acabar con el estado demoníaco y entronizar al sacrosanto mercado. No se trata tampoco de abrir las fronteras para que exilados cubanos con sus millones arrasen con la Isla.

Se necesita una transición cuidada a partir de una concertación seria entre intereses y odios reconcentrados. Tarea fundamental que solo pueden hacer los cubanos, con la dignidad y realismo que los caracteriza. Estados Unidos debe aprender de la experiencia del pasado medio siglo de relaciones y de injerencias perversas, para respetar a Cuba y a sus ciudadanos, independientemente de su ideología.
 

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