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Menos política y más administración

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Juan Manuel Ospina
12 de marzo de 2022 - 05:00 a. m.
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Escribo tres días antes de unas elecciones complicadas, en un escenario político confuso como nunca antes, donde los ciudadanos, su mayoría, por muchas razones, están literalmente mamados con la situación del país, y se encuentran igualmente confusos, manifestando una profunda inconformidad con lo que viven, podríamos decir padecen; desanimados, escépticos y desconfiados de la política y los políticos por tanta promesa incumplida y tanta corrupción que, salvo excepciones, generó su descrédito, aunado a la deslegitimación de la política, el espacio social insustituible para la expresión de la voluntad ciudadana y la concreción de los necesarios compromisos.

La transformación de la situación actual de la sociedad exige como primer paso la transformación y dignificación de la política. La crisis nacional y su superación son de naturaleza política. Se necesita más y no menos política, pero permítanme ser optimista: hablo de buena política, no como la que hoy padecemos. El domingo podremos dar los primeros y fundamentales pasos para hacer realidad el sueño de la transformación de Colombia, que muchos queremos. Somos más, muchos más animados con ese propósito.

Hablemos ahora de la tarea que sigue en el camino de recuperar esa política. Enrique Krauze, un mejicano lúcido, nos da pistas al plantear que la tragedia de la democracia latinoamericana ha sido su ideologización. Para superarla, propone una solución de fácil enunciación y difícil ejecución: encontrar o generar un espacio, “un núcleo de buena fe que invite al diálogo”, exigiendo saber escuchar. Exactamente lo contrario de lo actual: una guerra civil en las redes sociales donde imperan pasiones burdas e irracionales cerrándole el espacio a la reflexión, a escuchar al otro; donde campea la pasión destructiva que no ve sino enemigos, y que esgrime el puñal ante cualquier asomo de razonamiento.

En democracia, sin dogmas revelados, se confrontan contradictores, normal en una dinámica caracterizada por el pluralismo y no el unanimismo propio del caudillismo. La crisis de la democracia transformó a los contradictores en enemigos a los cuales hay que derrotar, no convencer, con la matonería de la mentira y el insulto descalificador, acompañada por toda suerte de golpes bajos. Krauze adoba el cuadro anterior con el aliño latinoamericano y colombiano de que somos expertos en despreciarnos a nosotros mismos con discursos catastróficos, especialmente frente a extranjeros.

El cuadro descrito es principalmente válido para sectores dirigentes politizados, de intelectuales y activistas políticos que pueden darse el lujo de reducir el espacio y el quehacer político a “sacarse los trapitos al sol”, mientras que el ciudadano corriente, la llamada mayoría silenciosa que “vive al día y quiere la paz”, reclama que política y políticos, por fuera de debates y peleas ideológicas, se centren en la atención a sus necesidades concretas. Lo presente nos hace recordar a Rafael Reyes que, hace 120 años, luego de la terrible Guerra de los Mil Días, reclamaba para el país “menos política y más administración”. Valdría la pena que se orientara la tarea que habremos de continuar luego de los resultados electorales del domingo con ese mensaje más que centenario de Rafael Reyes, pero vigente hoy más que nunca.

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ERWIN(18151)13 de marzo de 2022 - 12:28 a. m.
el fin,el objetivo de la politica debe ser,el bienestar del pueblo ..siempre ..no hay otra ..aqui lo que hay es unos bandidos legislando para intereses personales ..y el pueblo ..pues n..que se joda ..por eso ..Petro presidente ..
Orlando(lx6ve)12 de marzo de 2022 - 09:04 p. m.
Pienso que el señor columnista está desenfocado en su planteamiento. Al contrario se requiere más política con principios Ético, elevado valor Moral en la gestión de la administración pública; es la única ruta que nos permitirá derrotar a los politiqueros que fueron los que prostituyeron la esencia y función social de la política como vía de desarrollo y progreso de los pueblos.
Camilo(v9l66)12 de marzo de 2022 - 06:03 p. m.
Hay dos programas, el de Petro/Garay y el de Fajardo/Ocampo, y no son tan diferentes! Los programas o promesas han de ir acompañados por dos confianzas: si la promesa es creíble (las campañas y sus programas se permiten desplazar lo que piensan por lo que resulta popular y conduce a ser elegible) y si el candidato será capaz de ejecutar lo prometido... negociaciones duras con los duros. Quien?
CARLOS(71824)12 de marzo de 2022 - 04:49 p. m.
Estoy en desacuerdo con el escritor. Entiendo la política como el arte o la ciencia de gobernar, de administrar la cosa pública. Plantear un falso dilema y oposición entre política (políticos) y administración (gerentes) solo lleva a banalizar la política, que es lo más excelso del ser humano, en cuanto se trata de ocuparse y preocuparse de la comunidad, del bienestar general, de lo social.
Atenas(06773)12 de marzo de 2022 - 03:42 p. m.
Dice el RAE de Ideología: Doctrina q’, a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, tuvo como objeto el estudio de las ideas. Punto. Lo paradójico fue q’, estando tan distantes, aquí más nido echó en forma de fatal idealismo. Así se concluye de Krauze, y q’ mucho yo aquí he rebatido en esta profusión de simples y vagarosos opinadores q’ aun viendo laboratorios fallidos siguen empedernidos.
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