El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Pa'trás como el cangrejo

Juan Manuel Ospina

09 de marzo de 2016 - 09:00 p. m.

El anunciado apagón revive la memoria de un país que hasta hace muy poco exportaba una energía que hoy importa y que había montado un sistema de generación y de regulación considerado modelo, pero que hoy muestra sus debilidades e impotencia frente a la innegable crisis del sector - que no la causó El Niño, simplemente la catalizó y desnudó -.

PUBLICIDAD

Hace solamente dos meses los gurús locales del análisis económico, haciéndole eco a acuciosos funcionarios públicos, nos atosigaron con la cantaleta de que era un mal negocio no vender a ISAGEN, pues nos privaríamos de unas significativas utilidades financieras y que además, según ellos, estábamos protegidos por el mejor y más seguro sistema energético, que garantizaba que nunca más nos debíamos preocupar por cortes de energía o por atrasos en el desarrollo de un sector fundamental para la economía y la vida cotidiana de pobres y ricos.

Hoy esas afirmaciones suenan vacías e irresponsables. Preservar a ISAGEN como una empresa pública no era un capricho sino una necesidad; las autoridades energéticas y el sistema están sumidos en enorme crisis que no se resuelve defenestrando al ministro de turno; prueba de ello, la grave falla de la central de Guatapé, y el comportamiento oscuro de las termoeléctricas, con Termoflores a la cabeza, a las cuales los colombianos les pagamos y bastante ( por medio del “cargo de confiabilidad”,) para que estén permanentemente en condiciones de entrar a generar cuando el sistema lo requiera; sin embargo cuando se necesitó, la planta no estaba lista, a pesar de recibir el pago anotado. Para rematar la imprevisión de las autoridades y de su sistema supuestamente perfecto, se exportó el gas que necesitan las termoeléctricas; son las mismas autoridades que llevan un año anunciando las dificultades que hoy se nos vinieron encima y que nada hicieron para enfrentarlas; por el contrario tomaron las decisiones equivocadas.

Mientras se desenvuelve esta triste realidad, cargada de ligerezas, imprevisiones e irresponsabilidades, nuestros gobernantes actúan y tratan infructuosamente de presentarse como gobernantes del primer mundo, en un vano intento de equipararse y codearse con los que sí son de ese no tan digno club, con un comportamiento que no puede sino calificarse de inmaduro y burdamente arribista, pues hasta para eso se necesita estilo.

Read more!

Por ejemplo, hacen como si creyeran que para Obama son tan importantes nuestras negociaciones en La Habana como refrendar el fin del inútil y políticamente costoso capítulo del aislamiento y sanciones impuestas a Cuba. Grande fue la lora que dieron quienes se sienten ya miembros del selecto club de los grandes, al tomarse a Washington con motivo de la conmemoración de los quince años del Plan Colombia, con una delegación de exreinas, deportistas, periodistas y faranduleros, que no puede calificarse sino de provinciana y folklórica, políticamente equivocada que dejó la impresión (¿es solo una impresión?) de que somos un país “light” y sí, folklórico. Fue una lora de nuevo rico.

Queremos ser miembros de la OCDE por derecho propio, uno de los clubes de los gobiernos considerados serios, porque dizque nos lo merecemos; pero allá piensan y nos ven distinto y nos exigen hacer la tarea de volvernos un país serio. Difícil compromiso para un país, gobernado por arribistas que consideran que todo lo malo que le sucede a Colombia, a sus abnegados ciudadanos, siempre es la culpa de los otros, desde El Niño, pasando por las FARC, los gringos y hasta Maduro. Nunca nos miramos, incapaces de la mínima autocrítica, siempre a la búsqueda de culpables en nuestro papel eterno de víctimas incomprendidas. Por ese camino no hemos podido, no podremos “tomar por los cachos” el toro de los desafíos, para así asumir y vivir nuestra realidad y no simplemente padecerla. Ojalá el sacudón que traerá el manoseado postconflicto, nos aterrice y nos ajuicie.

Conoce más
Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.