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Política sí, partidos no

Juan Manuel Ospina

06 de mayo de 2015 - 11:00 p. m.

Solo el 16% de los jóvenes están seguros de que votarán.

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El dato podría referirse a Colombia, pero no, se refiere a las elecciones que se celebran hoy en Inglaterra, donde nació la institución parlamentaria y la democracia representativa que nos rige y en la cual actúan los partidos más significativos para liberales, conservadores y socialdemócratas en el mundo. Se podría decir que “en todas partes se cuecen habas”. Vale la pena seguir con la comparación. Los jóvenes ingleses dicen tener apetito por la política y especialmente por el activismo, pero no se identifican con los partidos tradicionales. No es que no estén interesados en la política pero rechazan las prácticas políticas tradicionales. Son una generación con altas aspiraciones, más emprendedora que participa con entusiasmo en actividades sociales y culturales, amante de las redes sociales, que se considera incomprendida por unos partidos tradicionales que identifican con promesas rotas, políticos corruptos y “más de lo mismo”. Un diagnóstico que para Colombia es válido hasta la última coma.

El Registrador Carlos Ariel Sánchez habla de una verdadera explosión de candidatos por firmas, para las elecciones de Octubre. Son más de 300 movimientos significativos de ciudadanos que están en la tarea y que según cálculos de la Registraduría podrían recoger unas siete millones de firmas. No se trata ni mucho menos de un asunto marginal y muestra simplemente el interés que existe por la política, por lo que ésta significa, pero a la vez refleja una mezcla entre rechazo e indiferencia por unos partidos y unos políticos en los que cada vez se cree menos porque han perdido su razón de ser, que no es otra que representar al ciudadano. Es una situación que se compara con la que viven y expresan los jóvenes ingleses; igual sucede en casi todas las democracias otrora pujantes y hoy alicaídas, donde Chile en nuestro vecindario es un ejemplo diciente. Parecería que se vive la “despartidización” de la política, lo que no están claras son las alternativas, pues no se puede reducir el cambio a un boom de las redes sociales que generan oleadas de opinión, que como toda ola pasa y se desvanece. Son un medio valioso para comunicar, para compartir desde la soledad personal de cada participante, para convocar y movilizar, pero no pueden ser el eje de la nueva política.

En Colombia, la explosión de firmas tiene su origen en la pérdida de la confianza ciudadana en los partidos y en los políticos; desconfianza que genera una crisis de credibilidad y por consiguiente de legitimidad política de la palabra y de la acción de partidos y políticos y, por reflejo, de los gobiernos cuyos actores/ “propietarios” no son directamente los ciudadanos, sino sus representantes políticos. Como resultado de ese distanciamiento, los ciudadanos, a los cuales les interesa la política pero cada vez menos los partidos, buscan a tientas otras formas para participar que no los comprometan con la corrupción y la mentira, con la danza de los millones que se apoderaron de las organizaciones políticas casi que sin excepción, pues ya ni los no tradicionales parece que se salvan. La alternativa, al menos por el momento, es declararse independiente, libre de compromisos y de situaciones que no se comparten y que antes por el contrario se critican, muy en la línea del comportamiento social dominante, una especie de “selfies políticos”. La crisis partidista es tal que ya no sirven ni como fábrica dispensadora de avales. Preocupante situación que no se arregla simplemente reclamando más disciplina y sanciones a los copartidarios insumisos.

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