Santos le abre caminos a Duque

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Juan Manuel Ospina
29 de noviembre de 2018 - 05:00 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

No habrá más concesiones viales de cuarta generación (G4), pero sí vías terciarias, sin las cuales el desarrollo rural y la materialización de los acuerdos de La Habana seguirán siendo un simple cuento; se va a recuperar el 40% de la olvidada y fundamental red ferroviaria, lo mismo que la red fluvial con 18.200 kilómetros navegables; no solo se atenderán las crecientes necesidades aeroportuarias de las principales ciudades, sino que se buscará ampliar la cobertura de la red nacional. Esto y mucho más fue lo que presentó el Gobierno Nacional en el pasado congreso de la Cámara Colombiana de la Infraestructura por boca de la vicepresidenta, Marta Lucía Ramírez, y de la ministra de Transporte, Ángela Orozco.

Lo planteado por las dos funcionarias lleva a pensar que en el frente de la obra pública el gobierno de Iván Duque pondría los mayores logros con la vicepresidenta a la cabeza. Ambas funcionarias fueron claras en que, partiendo de reconocer que el problema del país no es la pobreza sino la desigualdad, el propósito oficial es conectar la Colombia profunda, según afortunada expresión de la ministra, gracias a la estrategia de generar conectividad como condición necesaria para avanzar en términos de equidad, el objetivo central del presidente Duque. Por ello, el Plan de Desarrollo contemplará un pacto por el transporte y la logística.

Debe reconocerse que con la obra pública, como con el tema de la paz, el presidente Santos abrió caminos, pero sin avanzar por ellos. La gran responsabilidad y posibilidad del actual Gobierno es, haciendo los cambios del caso como con las 4G, aprovechar esos caminos abiertos para avanzar con orden y método bajo el mando de la vicepresidenta, una ejecutora organizada que sabe hacer equipo, poseedora de una mirada estratégica y de la capacidad para desarrollar e impulsar planes de trabajo coherentes y viables.

No es nuevo el fundamento de la política, establecer un sistema intermodal de movilidad, sobre el cual mucho se ha escrito y prometido en el país, pero lo poco realizado lo ha sido de manera parcial y discontinua. Parece que podría hacerse realidad en este cuatrienio. Para la muestra un botón, ya llegó a Santa Marta procedente de La Dorada el primer tren cargado de café; un hecho simbólico y promisorio. Otro tema de continuidad sin continuismo es el de las APP que planean ajustar en lo referente a sus costos de financiación y al alineamiento de las iniciativas privadas con los objetivos de la política pública.

En términos del control de la corrupción, que tiene en el sector de la obra pública a uno de sus principales escenarios, plantean reformar las normas y condiciones para los estudios previos que actualmente enredan y demoran la contratación y ejecución de las obras, abonándole el camino a irregularidades y abusos que tanto daño le causan a la moral y a las finanzas públicas, a la respetabilidad y credibilidad de una ingeniería la cual hoy es más conocida por sus escándalos económicos y por las obras que se le caen. Otra decisión fundamental en este frente crítico es la expedición del decreto reglamentario de una importante ley que establece el pliego único o fijo para la contratación pública, propuesta reiteradamente por la Cámara de la Infraestructura y su presidente, Juan Martín Caicedo, expedida en el gobierno anterior pero que este inexplicablemente no reglamentó. Este es un ejemplo contundente de cómo el gobierno Duque, más de acuerdo con su talante, podría convertirse en el ejecutor de muchas iniciativas de Santos, sin necesidad de venderle su alma a politiqueros hambrientos de mermelada, como hizo Santos.

La ministra finalizó su intervención destacando una realidad conocida pero olvidada, que con la participación y el control ciudadano a la contratación y ejecución de la obra pública se gana en transparencia; resaltó un hecho políticamente fundamental, como es “la falta de afecto” de las regiones con los grandes proyectos públicos.

Parecería que no todo debe reducirse en el país a la mediocridad, a la desesperanza de los unos y a la viveza ladrona de otros. La obra pública que terminó convertida en el cementerio de la moral pública podría ahora marcar una salida del atascadero en el cual Colombia cayó.

Conoce más

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.