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Tiene unos votos que nos sirven

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Juan Manuel Ospina
22 de octubre de 2015 - 02:00 a. m.
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Mucha publicidad, es decir mucha plata y poco entusiasmo ciudadano, marcan el ambiente en los días previos a las elecciones del domingo.

Las encuestas en el banquillo de los sospechosos y un votante entre escéptico y desorientado. Ahora sí a los partidos, diría que sin excepción, se les cayó la hoja de parra de presentarse como proponentes de alternativas de interés general y voceros de la voluntad ciudadana; quedó al desnudo su triste condición de simples dispensadores de avales a las microempresas que sobreviven bajo su “alero protector” y de ávidos gestores de las más inverosímiles coaliciones con fines de simple supervivencia electoral, tarea en la cual todo se vale para sumar votos, aliarse con el enemigo político de la antevíspera o con el que la víspera había acusado de lo divino y lo humano; todo se olvida siempre y cuando aporte los votos, la consigna es “tiene unos votos que nos sirven”.

¿Qué nos dejarán unas elecciones que serán las últimas antes de que en medio de crecientes penurias presupuestales, se inicie el tortuoso camino de la refrendación de los acuerdos habaneros y la posterior puesta en marcha de unos complejos y costosos proyectos del postconflicto a ejecutarse principalmente en los departamentos y municipios cuyos gobernantes y cuerpos colegiados se elegirán entonces? Triste es decirlo pero esos que son los grandes temas y que deberían ser las principales tareas de los nuevos funcionarios, se verán desplazados, cuando no simplemente olvidados, por la necesidad de cumplir compromisos, esos sí inaplazables, de nombramientos y favorabilidades en las millonarias contrataciones públicas, con los aliados electorales que “cobran por ventanilla”.

Hasta antes del desmonte neoliberal del Estado, que lo convirtió en el principal y más irresponsable contratista de la Nación, lo que se oía por estas fechas preelectorales era “que tiemblen los porteros”, pues la política se hacía con puestos, no con contratos como ahora. Supuestamente el Estado era ineficiente y corrupto y por ello como ejecutor debía ser reemplazado por los contratistas. La eficiencia en la atención a las necesidades de los ciudadanos no mejoró, pero la corrupción alcanzó unas cotas inimaginables en la época anterior, la del Estado ejecutor. Como resultado, la ciudadanía es cada vez más escéptica y distante de lo público, no porque no crea que tiene que ver con ella, con sus intereses, sino porque sabe que ya no es ella sino los contratistas, con sus abogados y políticos venales, el centro de la atención y de la razón de ser de la acción estatal.

En Bogotá concretamente no hay grandes propuestas ni diferencias significativas en lo que proponen los tres candidatos más opcionados. La mayor diferencia es la de Peñalosa al oponerse, con toda la razón, al esperpento heredado de Samuel Moreno y de Gustavo Petro y acogido dócil o silenciosamente por los otros candidatos, de construir un metro que sea solamente subterráneo – sería el único en el mundo con esa característica -. Claro que la crisis fiscal en que está nuestro estado petróleodependiente, pone en entredicho la realización a corto plazo del faraónico proyecto.

El habitante de Bogotá, rico y pobre, no quiere más polarización y discursos altisonantes y descalificadores. Quiere una ciudad tranquila para vivir, trabajar y educar los hijos. Una ciudad bien administrada, sin grandes aspavientos pero con realizaciones concretas de beneficio general. No es mucho pero es bien significativo. Pardo, Clara López y especialmente Peñalosa tienen el perfil y la experiencia para hacer la tarea que los bogotanos reclaman, signada por la serenidad en el actuar, solidaridad en los propósitos y seriedad en la gestión del interés general.

Adendo. No suelo cantar públicamente mi voto, pero me han preguntado reiteradamente por candidatos para un Concejo que pide a gritos una renovación, al cual llegue gente sin colas y con ideas y muchas ganas de hacer por Bogotá. Por ello votaré por Eliana Sandoval, una mujer joven, ganosa y conocedora del oficio público y de la ciudad. He trabajado con ella y he podido apreciar cómo se compromete con la gente y mete el hombro para sacar adelante sus compromisos, que para ella son sagrados. Es el número 15 de la lista del Partido Verde.

 

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