Publicidad

Un debate en el lugar equivocado

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Juan Manuel Ospina
18 de septiembre de 2014 - 02:55 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Seguí a ratos el publicitado duelo Uribe vs Cepeda, y lo hice con preocupación pues no creo que debates como ese ayuden a aclarar capítulos oscuros y tenebrosos de nuestra historia reciente, ni que vayan a facilitar el camino a una reconciliación sincera, no de las FARC con el Estado, sino de los colombianos de todas las condiciones y pelajes entre sí, sin lo cual, lo de La Habana será un papel más que se ha de llevar el viento.

O sea, que eventos como los de ayer en el Congreso juegan en favor de los que quieren hundir las posibilidades de salir del conflicto. Pienso que los directivos del Centro Democrático podrán decir que de pronto perdieron la batalla pero sin duda se les facilitó el camino para ganar la guerra, derrotar electoralmente lo logrado en Cuba. No me cabe duda de que hoy en Colombia el peor enemigo de la paz es el espíritu polarizado, de rabias y de odios entre colombianos. A ratos pienso que más fácil se ponen de acuerdo gobierno y FARC que unos ciudadanos enardecidos o sumidos en el escepticismo al ver un gobierno que no despega y un Congreso que se transforma en un híbrido entre gallera y juzgado penal, donde congresistas encolerizados se sacan los trapitos al sol, en un repetir y repetir de acusaciones viejas del uno al otro, en un duelo a muerte entre dos egos. Unos egos que pretenden que el país se pliegue a sus caprichos y odios.

Lo de ayer no fue bueno salvo para los enemigos de los acuerdos habaneros. El Congreso se dejó atrapar en una pelea que deben conocer los estrados judiciales y no el “recinto augusto de la democracia”, y perdió por que se reafirma la impresión ciudadana de que todos sus miembros tienen expediente y cuentas pendientes con la justicia; y en fin, que es un escenario no para atender los problemas de la sociedad, del ciudadano de a pie, que resulta ser el elector, sino los intereses personales de sus miembros; así los presenten envueltos en ropajes de lucha contra el crimen, la arbitrariedad y la corrupción, no dejan de ser personales. Los temas de ayer son materia importante para los jueces no para los legisladores y hacia allá deben dirigirse los dos congresistas pugilistas.

En un país con la dura historia del nuestro, sobran las razones para pasar la o las cuentas de cobro, en una secuencia de no acabar y que en vez de ayudar a voltear la página con lucidez y generosidad, lo que se logra es alejarnos cada vez más de la solución y sumirnos en la negra noche del odio y la desesperanza. Es difícil encontrar un colombiano que no tenga una pérdida, una pena nacida del conflicto. Hoy, terminado el campeonato mundial de futbol, es lo único que nos une e identifica a todos sin excepción.

Y cuando se dice todos, son todos, Uribe Vélez y Cepeda, los guerrilleros y los paramilitares, los militares y los empresarios, los políticos y los policías; porque todos somos víctimas pero también victimarios, aunque sea indirectamente, pues ni apretamos el gatillo ni dimos instrucciones de hacerlo. La reconciliación es con todos sin excepción y el infortunado ejercicio de ayer de una política judicializada o de justicia politizada, nos aleja de ese objetivo. Lo primero es acercarse, mirarse a los ojos y darse la mano, aquietar los espíritus. Luego llegará el momento para los tribunales de la verdad, precipitarlos pone en riesgo todo hasta quedar sin paz ni justicia.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.