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Unas elecciones bizarras

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Juan Manuel Ospina
06 de marzo de 2014 - 12:42 a. m.
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No recuerdo otras elecciones para Congreso con menos fervor o ánimo de parte de los eventuales electores, ni más pobre en propuestas y sentido de compromiso por parte del ejército de candidatos, que las del próximo domingo.

Y lo más asombroso o desconcertante es que suceden en momentos en que el país al impulso de los Acuerdos de La Habana, entra en un período, se habla de 10 años, de grandes desafíos y  de la necesidad de cambios, especialmente en la política – actores, instituciones, prácticas y normas -. Y mientras que el horizonte político se anuncia intenso por decir lo menos, el presente es uno de apatía e indiferencia como si no se tuviera conciencia ni entre dirigentes (y no solo los políticos), ni entre  candidatos y  electores de lo que nos espera a la vuelta de la esquina.

Me dirán que en las elecciones legislativas domina siempre el voto  de maquinaria y  el dinero para que ésta funcione y que, salvo casos excepcionales, el voto independiente, el de opinión poco se expresa. Eso es cierto y  evidencia la manera como los partidos se preocupan solo por cuidar los votos amarrados  por las maquinarias de  políticos en trance de perpetua reelección y olvidan que el mayor número de votantes posibles son  los ciudadanos del común, a quienes deberían  orientar, convocar y movilizar con  visiones de futuro  y compromisos de acciones concretas que  transformen  o al menos mejoren  lo presente.

El fondo de esta apatía y el sentido del voto en blanco, que será sobretodo significativo en  las presidenciales de Mayo, se explica en el persistente desinterés de la política, de partidos e individuos, por la suerte, opiniones, inquietudes y aspiraciones de millones de colombianos que les responde ahora con escepticismo, indiferencia, apatía  y desconfianza. Ciudadanos que crecientemente con el apoyo de la técnica y las redes sociales, han encontrado otras maneras de expresarse, de comunicarse sin intermediarios, sin endosarle a nadie ni su voz ni su representación.

Lo anterior  es un campanazo de la ciudadanía a políticos y partidos, al sistema político colombiano en su totalidad. Nadie debe llamarse a engaño porque el mensaje es claro y contundente: no confiamos en ustedes, hoy no nos  interpretan  ni representan. Un campanazo que debe ser escuchado y analizado con seriedad  porque el sistema enfrenta  serios problemas - y de ello no se escapan ni gobiernistas ni opositores; ni derecha, ni centro, ni izquierda. Un campanazo que obligará  al nuevo Congreso a enfrentarse con el desafío de ser constructor principalísimo de las políticas de cambio que habrán de abrirle  el espacio a la paz.

Un congreso al que no le queda otra salida que recuperar la confianza ciudadana a partir de  su trabajo, con hechos y con responsabilidad institucional, para así derrotar la crisis de  credibilidad frente al  ciudadano, con que se posesionará el 20 de Julio. El domingo debemos votar aunque sea con el alma encogida pero eso sí, con la esperanza de que los elegidos serán capaces de ponerse a la altura de lo que Colombia reclama y necesita. 

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