En estos días preelectorales, es natural que todo se mire desde la política y la óptica del candidato o sector político que cada persona está apoyando. Mi columna anterior, titulada “Procuraduría, parques y ganadería”, generó varias reacciones en ese contexto. Para un número importante de lectores, resulta ingenuo que una directiva, así como está, emitida al final de este gobierno tenga alguna posibilidad de ser cumplida. “Peca de ingenuo”, señala uno de los lectores. La razón por la cual la directiva es tan sólida es porque detrás de ella está el profesor Gustavo Guerrero, nuevo procurador delegado para Asuntos Ambientales y Agrarios, conocedor de vieja data de los Parques Nacionales Naturales (PNN), de su legislación y sus dificultades de aplicación y manejo. La directiva trasciende el cambio de gobierno y debería ser retomada por los nuevos funcionarios.
Este no fue el único punto que generó controversia. Un compañero de tiempos del Inderena (Instituto Nacional de Recursos Naturales), refiriéndose a mi afirmación según la cual los sistemas ganaderos silvopastoriles son una opción de reconversión productiva que puede ser considerada como acción legítima de restauración en los PNN, escribió: “En esta ocasión difiero totalmente de su punto de vista. Su planteamiento es equivocado, antitécnico y contrario a las normas legales sobre PNN”. Esta controversia la he tenido por muchos años con diversos funcionarios de PNN, pues las únicas actividades permitidas allí son conservación, restauración, investigación y educación.
Mi punto es que reemplazar la ganadería extensiva por sistemas silvopastoriles —ganadería con árboles— es una forma de reconversión productiva que contribuye a recuperar el ambiente natural de los PNN. Con esta interpretación no pretendo cerrar el debate jurídico, ni más faltaba, quizá tengan razón quienes dicen que debemos ajustar la legislación y actualizarla. Lo cierto es que los proyectos de ganadería sostenible financiados por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF, por su sigla en inglés) han probado que la reconversión ganadera tiene importantes efectos para recuperar biodiversidad.
A los campesinos —no a los grandes terratenientes— se les puede ofrecer como solución un pago por servicios ambientales para que migren de la ganadería extensiva a sistemas silvopastoriles, y generar corredores biológicos en áreas estratégicas, contribuir al retorno de la biodiversidad y reducir la presión sobre los ecosistemas naturales. Para controlar la ejecución de una propuesta de este tipo se cuenta con la ayuda de las imágenes satelitales y se requiere comunicación, asistencia técnica y quizás ajuste legislativo.
En Europa, África y Asia hay muchos PNN que tiene ganado y pastoreo de animales domésticos como parte integral de su manejo y gobernanza. En Colombia, los PNN fueron concebidos como espacios prístinos de conservación, sin presencia humana. La normativa que regula las actividades prohibidas y permitidas en los PNN data de 1977. La realidad hoy nos demuestra que la legislación es obsoleta, no genera los resultados esperados y podemos mejorar la gestión de conservación si la ajustamos y reinterpretamos, haciendo de la reconversión productiva parte del proceso de restauración y conservación.
Por el cambio climático, hoy todos los ecosistemas ya están, de una u otra forma, intervenidos por la acción humana. Busquemos una alternativa socioecológica viable para asegurar una mejor gestión de conservación y restauración de nuestros PNN. Urge revisar la legislación para armonizar la relación de la gente con los PNN.