El próximo año presentará nuevos extremos climáticos y la crisis irá en aumento. El 2021 fue de reclamos ciudadanos, discursos y promesas de gobernantes. El 2022 tiene que ser distinto no solo por las necesarias acciones de los gobiernos, sino también por las emprendidas desde la sociedad civil y las empresas. La crisis climática (CC) exige compromiso y acción, no hay tiempo que perder.
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La CC genera costos y efectos negativos para todos. Eso sí, en diversa escala y magnitud. Será más costoso para los países más pobres y frágiles, y en su interior, para los grupos más desposeídos. Esto hace de la CC un tema político muy sensible. La transición será costosa y un ejemplo obvio es la eliminación de los subsidios a los hidrocarburos. Si no se mitiga su impacto, generará levantamientos sociales, pero tenemos que actuar, la inacción frente a la CC es aún más costosa. Como decía mi abuelita: “Sumercé, cambiamos y vamos a sufrir, pero si no cambiamos nos jodemos más y será más doloroso. De todas maneras, prepárese, mijito”.
Los países más ricos pueden prepararse mejor y sufrirán menos, pero también sufrirán. Por eso EE. UU., con un ingreso per capita 10 veces superior al nuestro, se prepara y enfrenta la CC. Recientemente ha vivido fenómenos meteorológicos extremos asociados. En febrero, hubo una tormenta sin precedentes en Houston; durante 2021 California, Idaho y Colorado tuvieron incendios forestales gigantescos que obligaron al desplazamiento de poblaciones completas y arrasaron cientos de hectáreas de bosques; en septiembre el huracán Ida azotó Luisiana, Nueva Jersey y Nueva York, y ahora en diciembre un gran número de tornados afectaron varios estados llevándose casas, edificios y fábricas, y causaron más de 80 muertes. Imaginemos qué pasaría si un fuerte tornado azotase la costa Caribe colombiana. En EE. UU. se produjo una rápida y efectiva movilización, mientras que en Colombia aún no hemos superado lo ocurrido en Providencia.
El informe de avance (2021) del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, basado en evidencia y análisis científicos, es muy serio y genera grandes alarmas. En reacción, la mayoría de los gobernantes afilaron sus discursos para la COP26, se firmaron el Pacto Climático de Glasgow (noviembre, 2021) y otros acuerdos subsidiarios. Sin embargo, los nuevos compromisos a nivel global, así se cumplan, son insuficientes y eso significa que el calentamiento estará muy por encima de 2° C para finales de siglo. Para evitar grandes estragos, el límite es 1,5° C, y ya vamos en 1,1° C. Las cosas se agravan, solo unos pocos países están cumpliendo lo anunciado. A nivel global y por países, falta mucho para pasar del dicho al hecho.
Colombia es un caso extremo. En buena hora nos comprometimos a todo, pero la deforestación avanza, las emisiones asociadas al transporte crecen, los impuestos a las emisiones son pocos y los subsidios a los combustibles fósiles se mantienen. Simultáneamente, las lluvias torrenciales destruyen carreteras, arrasan casas y cultivos, y generan desplazados climáticos.
El 2021 nos deja de positivo: buen discurso del presidente Duque y compromiso internacional del equipo gubernamental, buena legislación, Conpes aprobados y en trámite. Pendiente, que los compromisos internacionales no se han acompañado de acciones de igual magnitud en reasignación de recursos públicos, ni se ha ratificado el Acuerdo de Escazú, entre otras inconsistencias. En 2022 esperamos compromisos claros y realistas de los políticos como candidatos y acciones consistentes de quienes resulten elegidos. El año entrante será cálido en términos climáticos y de confrontación política.