Posicionamiento vs. gestión. ¿Dónde está la inconsistencia? Lectores habituales señalan que la hay entre mi columna “COP26: naciones, comercio y clima”, donde reconocía el posicionamiento del Gobierno de Colombia para la COP26, y la columna anterior, “Ley de acción climática… ¿y la acción?”, donde señalaba que nuestros gobiernos en temas ambientales eran pródigos en políticas y leyes, pero pobres en ejecuciones. Algunos me preguntaron: “¿Se volvió duquista?”. Otros hicieron comentarios extremos, casi sectarios, que prefiero no reproducir.
Nacional, Millonarios y Tolima están disputando de manera ardiente el campeonato del fútbol colombiano; eso no significa que sus jugadores, cuando son llamados a representar el país para las eliminatorias al Mundial, no puedan hacer equipo. Lo mismo sucede con los colombianos en la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP26). La asistencia y las negociaciones en la COP26 hay que hacerlas desde la perspectiva de Estado-nación y no como partido político ni como gobierno de paso.
Entre los colombianos que asistirán están representantes de ONG y empresas, Francia Márquez y el equipo de gobierno liderado por el presidente Duque. Si coincidimos en el propósito de lograr acuerdos para atenuar la crisis climática y asegurar recursos de compensación para conservar nuestros ecosistemas naturales y sus servicios ecosistémicos, mejorando la calidad de vida de las comunidades, debemos apoyar a quienes nos representen. La gestión ambiental y la crisis climática son temas de Estado, deben tener un enfoque suprapartidista y de largo plazo. La naturaleza no reacciona según cuál sea el origen, el partido político o la condición social de quien genera el problema o la solución. Para la fauna y la flora, el corredor biológico es efectivo si tiene ciertas características biológicas, independientemente de las condiciones y distribución de la tierra en que esté, sea minifundio, latifundio o tierras comunales. La contaminación con agroquímicos afecta a las abejas en un país socialista, comunista o capitalista. El pez sufre por la contaminación del mercurio, sea por actividad de una multinacional o por minería informal artesanal.
La naturaleza es suprapartidista, pero las acciones de los partidos de gobierno tienen efectos muy diversos. La naturaleza está estrechamente ligada a la política, sea en la campaña presidencial en Colombia, en los debates del Congreso en Estados Unidos sobre descarbonización o en las decisiones de los gobiernos de China o Rusia.
La geopolítica que genera la crisis climática ubica a Colombia como potencia global y Duque llega bien posicionado a la COP26, así su gestión tenga grandes deficiencias. Como ciudadanos, nos interesa el posicionamiento del país. Colombia puede liderar una alianza de naciones tropicales con bosques biodiversos, conseguir apoyo y compensaciones económicas por y para su conservación, y así avanzar en la gestión de nuestro bienestar a partir del patrimonio natural renovable y no del extractivismo.
Los resultados de la COP26 afectarán a todo el planeta, más a unos países y grupos sociales que a otros, pero hay temas globales y de país. Se debe asistir con criterio de Estado, sus repercusiones son de mediano y largo plazo, trascienden los beneficios personales o de partido e impactan al país como Estado-nación. Esperamos que Duque y su delegación fijen posiciones de Estado y que ni el Gobierno ni la sociedad civil trasladen la polarización política a la COP26. Ese es un asunto que debemos enfrentar y resolver localmente; Glasgow no es el lugar. Allá somos Estado-nación y debemos luchar por una justa y suficiente compensación para conservar los servicios ecosistémicos que nuestros ecosistemas naturales proveen al mundo.