El próximo 1° de noviembre se inicia la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP26). Son casi 30 años desde la primera convención (1992) y aún no se ha llegado a convenios que generen las acciones requeridas para que el calentamiento global se detenga. Este grave problema avanza y la naturaleza nos advierte que debemos realizar ajustes estructurales o padeceremos impactos cada vez mayores.
La salida del poder del republicano Donald Trump, negacionista del cambio climático, y el triunfo del demócrata Joe Biden en la nación que históricamente ha jalonado el cambio climático generaron expectativas positivas para la COP26. Se esperaba una fuerte alianza climática y comercial entre Estados Unidos, la Unión Europea, Corea del Sur y Japón para imponer impuestos globales que logren forzar cambios en los procesos productivos en China, India y Rusia. Según Statista, en 2018, China, con el 18 % de la población mundial, generó el 28 % de las emisiones de dióxido de carbono, y Estados Unidos, con el 4 % de la población mundial, emite el 15 %. Hoy un estadounidense genera 2,6 veces más CO2 que un chino.
Ahora las expectativas se ven muy disminuidas. Acciones de Biden como el retiro abrupto de las tropas de Afganistán y su intervención comercial en Australia bloqueando el negocio francés, además del final del gobierno de Merkel, líder climática en la Unión Europea, disminuyen la posibilidad de una fuerte alianza climática Estados Unidos-Unión Europea, y ya se anunció que el presidente chino, Xi Jinping, no asistirá en persona a la COP26. Adicionalmente, la actual crisis de suministro de hidrocarburos con precios transitoriamente muy altos de petróleo y gas dificultará acuerdos de mayores impuestos. Bajan las expectativas para la COP26 en un momento en que el mundo vive con intensidad los efectos del cambio climático.
En este contexto, Colombia, con el 52 % de su superficie cubierta por bosques biodiversos, es potencia mundial en servicios ambientales de regulación climática y biodiversidad, que disminuyen la posibilidad de pandemias. Esta condición privilegiada le concede cartas importantes para jugar en la COP26. El gobierno Duque llega bien posicionado. Tres acciones lo respaldan: fue oportuno el compromiso de disminución de emisiones al 51 %, intervenciones del presidente Duque en diversas cumbres internacionales le han conquistado un cierto reconocimiento y liderazgo internacional, y la reciente presentación del proyecto de ley de acción climática complementa y fortalece lo anterior. Desde la perspectiva de las negociaciones internacionales, la estrategia de Duque —aun con grandes deficiencias de gestión a escala nacional— ha sido acertada y ha generado un buen posicionamiento. Colombia puede liderar una alianza de países tropicales con bosques biodiversos y conseguir apoyo y compensaciones económicas por y para su conservación, con mejoras en la calidad de vida de los habitantes del bosque, de las zonas de intensa transformación e incluso de los habitantes del país, posibilitando que pasemos a gestionar nuestro bienestar mediante el buen uso de nuestro patrimonio natural y no por medio del extractivismo.
En la COP26 esperamos que Duque fije posiciones de Estado. Si tiene éxito, redundará en beneficio para todos los colombianos y aumentará la posibilidad de conservar nuestro patrimonio natural. Debemos acompañar al país en estas negociaciones y entenderlas no solo como resultado de gobierno, sino como logro de país.