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Deforestación, supervivencia, especulación y delitos ambientales

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Juan Pablo Ruiz Soto
07 de julio de 2021 - 05:30 a. m.
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Comentar la ley sobre delitos ambientales que espera sanción presidencial no es tarea simple. Como ambientalista, estoy de acuerdo con la necesidad de sancionar a quienes incurren en delitos ambientales; como ciudadano y partiendo de mi entendimiento de las enseñanzas del profesor Julio Carrizosa —quien en sus diversos escritos y presentaciones nos ha hecho comprender que los problemas complejos no tienen soluciones simples—, entiendo e identifico dificultades en su aplicación y la considero una contribución parcial y limitada para la gestión de un mejor ambiente.

Esta ley tipifica nuevos delitos ambientales e incrementa las penas para otros ya existentes. Se abordan la deforestación, la promoción y financiación de la invasión de áreas de especial importancia ecológica y la apropiación ilegal de baldíos de la nación, entre otros temas. Estoy de acuerdo con la urgencia de transformar la dinámica nacional de los procesos mencionados y también creo que ello requiere sanciones.

Sin embargo, hay compatriotas que han sido desplazados y arrinconados, y encuentran el sustento en la destrucción del bosque para producción agropecuaria. Debemos evitar que, amparados en argumentos ambientales, se cometan atropellos con colombianos que tienen derecho a sobrevivir. ¿Cómo lograr que el peso de la ley recaiga exclusivamente sobre los delincuentes que están destruyendo la biodiversidad y los bosques por usura, que no recaiga sobre los de ruana y machete que se vean obligados a degradar ecosistemas por razones de supervivencia?

La ley sanciona y considera delincuente a quien deforeste una hectárea o más de bosque natural continuo o discontinuo, aplicándole una pena de cinco a 12 años de prisión y multa de 134 a 50.000 salarios mínimos. La pena aumenta —lo que celebro— cuando la deforestación se adelanta con fines de acaparamiento de tierras, cultivos ilícitos o construcción de infraestructura ilegal, o cuando se deforesten más de 30 hectáreas. Hay que diferenciar a quien tumba para sobrevivir del que tumba para enriquecerse. Aplaudo que la ley establezca sanciones para quienes promuevan y financien la deforestación o la invasión de áreas de especial importancia ecológica, pues son quienes lo hacen por codicia o con fines políticos.

La ley sanciona a quien se apropie ilegalmente de baldíos de la nación —sin cumplir los requisitos de ley— y exime a campesinos, indígenas y afrodescendientes que lo hagan por supervivencia, evitando así que se cometan atropellos sociales en nombre de la justicia ambiental. Alabo que se sancione a los inversionistas que pretenden apropiarse de forma ilegal de los baldíos de la nación.

La ley incrementa sanciones para otros delitos ya existentes, como aprovechamiento ilícito y daño de los recursos naturales, caza y pesca ilegales, ecocidio y contaminación.

Así, esta ley busca cambiar la dinámica de procesos muy complejos; considero que es una buena contribución. Si tuviera que votar —a pesar de todos sus riesgos e imperfecciones—, votaría a favor de esta propuesta de ley, pues la considero oportuna y estructurada. Sé que, dada nuestra idiosincrasia y la naturaleza de algunos de los procesos, su aplicación será compleja e incierta y que, como sucede con muchas otras leyes, se inventarán mecanismos para justificar acciones indebidas. ¡Adelante con esta ley, pero no olvidemos presionar para su adecuada aplicación!

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Carlos(6220)09 de julio de 2021 - 03:15 p. m.
Primero se requiere que haya una justicia funcional
daniel(84992)07 de julio de 2021 - 03:08 p. m.
Juan Pablo: no es muy difícil saber qué pasará con esta ley en un no muy lejano futuro. Una vez establecidos los pequeños propietarios legalmente y habiendo desmontado y usufructuado las primeras cosechas, aparecerán los "compradores" de tierras armados hasta los dientes, para negociar con los propietarios (o sus viudas). Al rato el paisaje será un latifundio improductivo con unas vacas
  • Juan(40818)08 de julio de 2021 - 12:27 a. m.
    Daniel, usted tiene razon, es muy probable que eso pase. Tenemos que presionar para que no sea asi!!
  • daniel(84992)07 de julio de 2021 - 03:15 p. m.
    ... o una gran extensión de palma aceitera o caña de azúcar. Y el beneficiado inicial de esta ley, en el límite de estos latifundio, tumbando más monte. ¡No legalicemos el desastre ambiental! Recuerde que esto es prácticamente lo que impulsa Bolsonaro en Brasil! Recuerde que el suelo de las selvas no es fértil ni apto para uso agrícola.
Hernando(84817)07 de julio de 2021 - 01:03 p. m.
Excelente la ley que Ud. analiza en detalle. Pero en su ultimo párrafo describe muy bien lo que va a suceder. Vivimos en un pais con demasiadas leyes que no se cumplen porque la misma estructura social que las propone no tiene la capacidad mental, ni la voluntad, ni el interés para hacerlas efectivas.
Henry(38886)07 de julio de 2021 - 11:15 a. m.
Comparto su preocupación de no afectar aquellos en condicion de vulnerabilidad que en muchas oportunidades sólo pueden sobrevivir de la utilización de lo que da la tierrita. Dicho lo anterior, en nuestro país los poderosos saben cómo eludir las normas: lastimosamente ya habrán quienes estén estudiando lo que se avecina para aplicar aquello de “hecha la ley, hecha la trampa”.
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