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Denali: retroceder para ascender

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Juan Pablo Ruiz Soto
12 de junio de 2012 - 11:00 p. m.
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Este espacio, que dedico a tratar temas de medio ambiente, en un principio iba a girar alrededor de la capacidad de carga para el manejo y conservación de los glaciares en los parques nacionales.

Los gringos en esto son unos maestros, permiten el ingreso de mil quinientas personas al Denali National Park y logran conservar el glaciar. He decidido cambiar de tema y relatar una historia de trabajo en equipo que estamos viviendo en la expedición Colombia Epopeya 7 Cumbres Sin Límites y que espero sea útil para aquellos lectores que trabajan como miembros de algún equipo.

Somos 17 miembros en el equipo y el objetivo de la expedición es que Nelson Cardona, en condición de discapacidad, logre la cumbre del Denali. Para ello Epopeya S.A. y un grupo de empresarios se unieron para conseguir los recursos y desarrollar la logística. Esto exigió que Nelson, montañistas y empresarios se entrenaran durante más de un año.

Iniciamos el ascenso y después de varios días estábamos todos en el Campo 4, a 4.400 metros de altura, listos para intentar la cima. Esto exige montar un nuevo campamento, a 5.300 metros.

El paso siguiente fue trasportar comida y elementos técnicos para depositarlos sobre los 5.000 metros. El camino era bastante pendiente y exigió usar cuerdas fijas para apoyarnos en el ascenso y luego caminar por una expuesta arista que exigió muy buen manejo del equipo técnico para evitar caer por la pendiente. Al llegar al punto donde debíamos instalar el depósito, algunos decidieron que no intentarían subir más alto. Regresamos al Campo 4 y al día siguiente tuvimos una conversación en la cual definimos la estrategia a seguir. Para apoyar el ascenso de Nelson es suficiente la compañía de seis personas en punta y tres más en el campamento de apoyo.

Para maximizar las posibilidades de alcanzar el objetivo del equipo y disminuir los niveles de riesgo, una parte del grupo debía descender. A pesar de tener condiciones físicas y técnicas que les podrían permitir llegar hasta la cima, algunos debían renunciar a su intento de cumbre. Fue necesaria una autoevaluación de cada uno, que escuchando la voz de la montaña, decidiera si tenía razones para ingresar al grupo de descenso o permanecer en el de ascenso.

Así como Nelson Cardona un día tomó la determinación de deshacerse de una parte de su pierna para reemplazarla por una prótesis y volver a exigirse como deportista, ahora algunos de los miembros del equipo debían renunciar a su posibilidad personal de cumbre para maximizar las posibilidades de alcanzar el objetivo del equipo. La lección que nos da el Denali es que en muchas oportunidades la mejor contribución que podemos hacer a un equipo nos puede exigir un gran sacrificio personal para alcanzar metas acordadas por el equipo. En el momento en que escribo esta columna, ocho de los miembros del equipo descienden para que como equipo ascendamos.

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